Diario de León
Pedro García Trapiello

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BRONCA tonta y nacional se sirve hoy caliente con la manifa del episcopata, el gran asunto que ceba la murga política. La tertulia se divide, el café se corta. La Iglesia tiene todo el derecho a usar la calle y la voz, dice este. Ya tienen templos, púlpitos y su predicada neutralidad, dice ese. Pues si tienen que salir a la calle, están diciendo que su gente ya no va ni a misa, dijo Blas. Pues anda que no tienen ellos experiencia en llenar las calles con procesiones. Pues que usen sus procesiones contra las bodas de maricones. Pues que llueva, que llueva y que le echen la culpa a la Virgen del Charco. Pues ya ves... Y se agotaron los argumentos. La peña pasó directamente a discutir de automovilismo. A falta de fútbol... En muchos centros religiosos la despedida de curso será esta excursión a los Madriles, a la manifa; y el domingo, visita a la Granja de San Ildefonso; completito, doce euros y, además, bolsa de viaje y dos alibotes, alibotes, maricón el que no bote. Uy, qué bien. A por ellos. El demonio mea en La Moncloa. Hay que lavar la moral nacional a calderazos de agua bendita. Esto... monseñor, pregunta aquí uno, ¿por qué no se les ha visto a ustedes en las manifestaciones contra la violencia y el asesinato de mujeres?, ¿es tan grande el sexto mandamiento comparado con el quinto?, ¿convocarían ustedes otra manifestación contra la corrupción, el robo, la riqueza fraudulenta e insolidaria?... Ya, que hay asuntos que son de calle y grito y asuntos que son de confesionario, ya. Bueno, pues vayamos a poner a parir a Zapatero, a parir, alguien tendrá que parir, digo yo, ante tanto culo de tul y blonda. Rouco enciende la marcha y esa mecha que es sólo pólvora mojada. Fuera maricones de la familia. A lo peor se queda solo en la salita. Los servicios de contrainteligencia de La Moncloa han ideado algo para el final de esta manifestación. Se les ha ocurrido gran efecto teatral. Vestirán a Pepiño Blanco de angelote y le suspenderán con un cable sobre la cabeza de las turbas extendiendo un gran lienzo en el que figurará la frase que ví el otro día en la luneta de atrás de la fragoneta de un tano de Torrelavega que, además, parecía ir de baskotarra o kañero: «Ke Dios te dé lo ke a mí me deseas». Zetapé firmara la bendita frase. Es pura y puta maldición, la más fina y diabólica que pueda escucharse.

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