EL PULSO Y LA CRUZ
Así se escribe la historia
QUE SE IBA a armar estaba más que cantado. Y los señores obispos se lo saben. De siempre. Ya hace muchos años que le oí a D. Fernando Sebastián que todos los prelados estaban convencidos de que, apuntaran a donde apuntaran sus escritos en el ámbito moral o político, éstos -y hasta sus personas- serían vapuleados de lo lindo. Así está sucediendo en estos días a propósito de la asunción por parte del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal de la manifestación de hoy mismo, convocada por el Foro de la Familia, contra las medidas gubernamentales que desfiguran o perjudican o deterioran o hasta destruyen la genuinidad de la familia y del matrimonio como instituciones humanas y cristianas. Comentaristas ha habido que se han despachado a gusto sobre los silencios culpables, las diferentes varas de medir, los dones de la oportunidad, el mezclar churras con merinas, apuntar a Madrid para que el disparo caiga sobre Galicia. Los mil y un disparates. Y es que tratándose de la Jerarquía eclesiástica, todo vale. Desde la rotunda descalificación a la sutil ofensa, desde la torticera interpretación de intenciones a la búsqueda de maquiavélicas maniobras. Será cosa de poner la otra mejilla y de tirar para adelante. Porque, por otra parte, en estas arremetidas no hay nada nuevo. Dos mil años practicando la experiencia de lamerse los desgarrones que causa la paganía -la de fuera y la de dentro, que también hayla- enseñan mucho. Por eso sólo hay un camino: la fidelidad a los orígenes. Y punto. El prosaísmo de cada día Vale que lo que nos va salvando es el prosaísmo de cada día, la causa de las cosas pequeñas, la grandeza de lo irrelevante. La metahistoria cotidiana, que dicen otros. Les ofrezco varios ejemplos. La semana pasada tuvo lugar en León la LVII Semana de Estudios Marianos. En la nueva Casa de Espiritualidad -que no hotel- de la Colegiata de San Isidoro. Una treintena de sesudos varones -y alguna mujer- comunicaron y debatieron sobre la Santísima Virgen, la Eucaristía y el dolor humano. Oiga, la de cosas que dijeron y bien dichas. Dentro de unos meses serán publicadas en la revista «Estudios Marianos»; están seguros de que merecerán la pena. Y, ya ven, apenas si hubo sitio para ellos en los medios de comunicación, muy preocupados por saber si los obispos de Astorga y de León iban a estar en la manifestación de hoy en Madrid. Será por si bajan los garbanzos. Así se escribe la historia. Hace unos días el Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo (el tercero de la provincia en importancia) hizo entrega de la Insignia de Oro de la Corporación a la Hermana Carmen Gómez, Superiora General de la Congregación de derecho diocesano de las Obreras de Jesús, que sostienen diversas obras sociales a favor de la infancia y de la juventud en la diócesis leonesa, tales como el Centro de Atención a la Infancia, ubicado en el barrio de Pinilla desde los años cincuenta. No hubo acto solemne que valiera; la modestia de la homenajeada exigió la discreción del acto, que tuvo lugar en la sede del Centro citado, con presencia del Alcalde y cuatro concejales. Algo parecido es lo ocurrido en el municipio de La Bañeza. En este caso la homenajeada, que también recibió la insignia de oro de la ciudad, fue una seglar de noventa años, Josefina Andrés, más conocida como Fina Luna. Alguien llegó a decir que habría que canonizarla, porque había conseguido en vida el milagro de poner de acuerdo a todos los bañezanos en este homenaje. La razón es muy sencilla: ha vivido, desde la fe cristiana, el compromiso del amor hacia todos, personas e instituciones, durante toda su existencia. Cuando la ola de laicismo nos invade, resulta que este periódico le da por sacar adelante un libro, en fascículos, dedicado a la Patrona de la Región leonesa, la Virgen del Camino. ¿Será devoción o será visión comercial? ¿O las dos cosas? Lo cierto es que es, que de eso se trata en último término. Felicidades para la villa de Sahagún, que un año más, ha echado la casa por la ventana para festejar -a su modo, que siempre es peculiar- a su patrono, el gran hijo de la villa, aquel fraile agustino del siglo XV enamorado de la Eucaristía que fue Juan de Sahagún, que también es patrono de Salamanca. Gozo al saber que, en estos tiempos de puro egoísmo, un joven responde a la llamada a ser sacerdote. Será mañana, en la Catedral de Astorga. El agraciado es Manuel Martínez Araújo, de A Gudiña (Orense). Que Dios le bendiga «forte que forte».