Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La estudiantina suena a vacía

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

SI DE ALGUNA OBRA verdaderamente importante podemos y debemos enorgullecernos los leoneses, tan sometidos a los fracasos, es de nuestra Universidad. Hasta llegar a ella muchos hombres de pelo en pecho pasaron fatigas de muerte y otros no menos notables y beneméritos quedaron en la cuneta. Pero León, o si se prefiere, un núcleo benemérito de leoneses, sacando fuerzas de flaqueza y saltando por encima de los obstáculos tradicionales, siguieron luchando, hasta que al fin, un día de gloria, los leoneses pudieron alardear de haber alcanzado los alcázares a los cuales estaba destinado un país sensible, con voluntad de vida. Y en torno de la Universidad, comenzaron a formarse grupos de activistas de la cultura y si de demostrar al mundo se trataba que León existía realmente, sacaba León de sus entresijos todo el coraje que históricamente se le atribuía. Y la Universidad de León fue inscrita en los anales de la cultura española con signos de fulgurantes glorias. España ha sido siempre una entidad humana dada a las elucubraciones y fantasías, más que a la ciencia y a la técnica. De ahí, tal vez, se debe el lento desenvolvimiento de su indudable capacidad para superar perezas y mercantilismos. León es tierra de poetas, de noveladores, de fabuladores. Y el nombre de sus artistas se extiende, siempre sin prisa y sin pausa, por todo el haz de la tierra hispana, hasta saltar las bardas del corral propio e invadir el ajeno. A la Universidad de León, se decía en las pláticas de familia, no le faltaba más que hablar con el lenguaje directo de la calle, en el idioma de Gonzalo de Berceo, para conseguir inseminar el afán de saber, de extender su sabiduría y de imponer su sello intelectual. Y a eso estaba dispuesta la Universidad leonesa. Y extendía su invitación a gentes importantes de la ciencia, de las letras o de la pedagogía, para que mediante sus titulaciones, impuestas por la entidad, se sintieran ya parte principal de la casa materna. Y el número de estudiantes crecía con tal rapidez que todos nos congratulábamos ante la idea de que al fin nuestra Universidad, al modo de otras más antiguas y poderosas, consiguieran alcanzar sus verdaderos límites. De pronto, en la oscura explosión a cuya preparación no estábamos preparados, nos informan que nada menos que mil y pico de alumnos universitarios han rechazado su matriculación en sus aulas y la gran Universidad a la que todos aspirábamos, se nos está yendo de las manos y del corazón. Y esto es grave, gravísimo, porque sin Antibióticos, sin equipos en Primera División, sin zancandileos culturales sin raíces en la tierra de la que nos llega la sangre joven de la estudiantina, se puede vivir, pero sin universidad solamente cabe temer que sin Universidad solamente se muere de ignorancia, de impotencia, y no vale hablar de vida real allí donde nace el abandono. Y lo tremendo del caso es que así como cuando flaquean los grupos deportivos o industriales puede saltar a escena el capital privado o la administración pública, cuando la Universidad se desertiza, como cuando se despuebla una ciudad, no se conocen los procedimientos de redención a los cuales podamos acudir. Conviene que por una vez y aunque sirva de precedente, los insignes miembros de la administración mediten seriamente sobre este problema que sí que es verdad puede sumirnos en la ardiente oscuridad. -¿Y usted, por qué sabe tanto? -Pues porque en lugar de hacer el Bachillerato, me puse a estudiar. -Hombre, claro, así cualquiera.

tracking