León

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ANDAN los políticos enfrascados con las reformas de los estatutos de autonomía de sus comunidades. Unos, tratando de burlar la Constitución y reformarla sin seguir el procedimiento legal; otros, tratando de sacar ventajas y de convertir a otros en españoles de segunda. Y los ciudadanos asistimos silenciosos a un debate que no interesa más que a los que lo promueven. «Deuda histórica», «derechos históricos irrenunciables», «libre adhesión a España», «derecho de autodeterminación»... Descontados los políticos, ¿hay algún ciudadano que no duerma por esa preocupación? Hagan la prueba: escuchen de qué se habla en las cafeterías de Barcelona, de Coruña o de Bilbao. Agudicen el oído en las tiendas de Murcia y Extremadura. Pregunten al taxista de Las Palmas o al del butano de Teruel si les preocupa eso o lo que quieren es que este país funcione, que haya menos paro y más trabajo, menos terrorismo y mejores pensiones. Algunos políticos están siendo desleales con los ciudadanos que les han votado. Cataluña es la comunidad autónoma más endeudada de España y no hay nadie capaz de decir qué ha hecho Maragall desde que llegó al poder, salvo cerrar con nocturnidad y alevosía el conflicto de El Carmel. En el País Vasco, resurge la violencia callejera, ETA sigue viva y el PNV, con sus socios y con los socios de ETA, mira hacia otro lado; en Galicia, Anxo Quintana reclama antes de tocar el poder 21.000 millones de deuda «histórica» y Touriño sabe que se le acaban los fondos europeos y que el Plan Galicia ha muerto, por lo que dinero, lo justo. Media España está seca o quemada por el fuego y las palabras no van a devolverles el agua ni los pinos. El alcalde de Guecho, después de pensar mucho, ha decidido poner una chapa a los vecinos que hablan euskera para diferenciarlos de «los españoles» y financia los campamentos de los «euskeraparlantes», mientras que los castellanohablantes tienen que pagárselos. El alcalde de Ablanque (Guadalajara), al parecer estaba de vacaciones en Brujas cuando el incendio que asoló su tierra y sólo regresó a casa para hacerse la foto con Zapatero, cuando el incendio ya era historia. Necesitamos hablar menos y trabajar más, menos promesas y más compromisos. No es mucho pedir que los políticos sean leales con los ciudadanos, con sus problemas y con sus intereses reales.

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