A LA ÚLTIMA
Gente de primera
HACE unos treinta años, cuando empezaba en esto del columnismo, se decía que cuando a un articulista no se le ocurría nada, escribía sobre la televisión. Andando el tiempo, y pese a que de vez en cuando aún se me ocurría alguna cosa, di en ocuparme de la crítica televisiva, ese género periodístico que tanto aborrecía el extinto profesionalmente Javier Sardá, y descubrí que ante el yermo de las programaciones, el crítico de la cosa tenía que estar dotado de una poderosa imaginación para saber llenar un par de folios a base de glosar la nada. Como quiera que, por mi simplicidad, me tomaba muy en serio la faena, de suerte que o no dejaba títere con cabeza o elogiaba cosas que no interesaban a nadie, provocando con ello desazón y hasta odio en los responsables de las cadenas, acabé siendo relevado de mis funciones por mis presionadísimos jefes, pero desde entonces conservo con un cariño muy grande a esa difícil modalidad de articulismo que consiste en pensar sobre aquello que casi todo el mundo ve medio hipnotizado, y que a menudo se hace y se emite para evitar la génesis y el crecimiento de cualquier pensamiento precisamente. Pues bien; resuelto a aprovechar la bula de agosto, mes realmente fantástico en el que uno puede escribir sobre cualquier cosa sin que le tiren piedras, me permito la libertad de recomendar al lector, así al vacacional como al currante, un programa de televisión precioso: Gente de primera. Epígono y heredero de aquellos Salto a la fama, Gente joven y Primer aplauso, éste ofrece a cantantes jóvenes y desconocidos del gran público la oportunidad de ser escuchados, salvando así el impenetrable designio y la despiadada criba de las casas discográficas. A Gente de primera no van los concursantes, como a Operación Triunfo , a un laboratorio donde les fabriquen el estilo, sino que llegan con el estilo puesto, y le juro al lector que no se escuchan hoy voces tan emocionantes, tan cultivadas y tan bellas como las de Yanira Figueroa, Verónica Rojas, Carmelo o Juana Dolores, que son algunos de esos cantantes humildes que nos curan gratis, los sábados por la noche, el cáncer del ruido que licua la mente.