Desastre ecológico | Península de Indochina

Laos acaba con sus elefantes

La depredación humana ha terminado con animales y plantas en las vecinas Vietnam, Tailandia y China. El afán maderero y un gobierno corrupto acaba hoy con el antiguo reino animal

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Miguel F. Rovira - vientiane
León

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Los animales que hicieron que Laos fuera llamado antiguamente el reino del «Millón de Elefantes» han desaparecido en su mayoría, y en los bosques que tapizaron gran parte del país aparecen grandes claros en los que es difícil oír piar un pájaro. La extendida depredación que ha esquilmado de animales y plantas las vecinas Vietnam, Tailandia y China está llegando a Laos, hasta hace poco el santuario forestal de Indochina y hogar de más de 800 especies de aves y un centenar de mamíferos, incluidos el tigre y otros recién descubiertos. Los ecologistas, alarmados por los daños causados a la naturaleza durante los últimos 50 años, creen que la destrucción ecológica es inevitable a menos que haya un cambio de actitud en el gobierno de Laos, entrampado en la corrupción y recipiente de una limitada ayuda financiera exterior dirigida a programas medioambientales. El negocio maderero A ello se suma la presencia en el país de cerca de una decena de compañías madereras extranjeras, que a la vez que aseguran llevar a cabo proyectos de reforestación, obtienen substanciales beneficios económicos por la comercialización de la madera. «Si Laos pierde sus bosques, lo habrá perdido todo porque económicamente lo único que está en condiciones de ofrecer son sus recursos naturales y la biodiversidad», apuntó Latasay Silavoung, delegado de la Unión Mundial para la Naturaleza. El gobierno comunista de Laos, uno de los países asiáticos con mayores recursos acuíferos, desarrolla gracias a la ayuda financiera internacional y el interesado sosten de compañías extranjeras un ambicioso proyecto de construcción de embalses, al tiempo que vende sus bosques, de forma legal o ilícita. A lo largo de la estrecha carretera que conecta Vientiane, la capital, con la ciudad de Luang Prabang (norte) se aprecia como los únicos bosques que sobreviven son aquellos con excesiva espesura para adentrarse o los situados en laderas de pronunciada inclinación. «Cuando termine la estación de las lluvias, volverán a brotar de las montañas las columnas de humo de los fuegos que encienden los campesinos con el fin de ampliar la superficie cultivable», explicó Suphanvane, funcionario del Ministerio de Sanidad adscrito al programa de erradicación de la malaria en las áreas rurales. Hace cinco décadas, cerca del 70 por ciento de la superficie del país estaba tapizada por bosques y junglas, mientras que en la actualidad no llega al 40 por ciento.

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