CRÉMER CONTRA CRÉMER
Escuela y pelotón
QUE EL MUNDO da vueltas alrededor de su eje, es fenómeno del cual ya nadie duda. Para conocer hasta qué punto este movimiento giratorio resulta abrumador como consecuencia de su reiteración, no hay más que recoger los datos que el tiempo fija para que nosotros, humildes y errantes peregrinantes en torno a nosotros mismos, nos demos cuenta de lo inútil de cualquier forma de herejía, de crispación o de intento de ser distinto. Nada hay nuevo bajo el sol, se repite, se supone que para evitar que algunos de los ultramodernos que se apresuran a ocupar los puestos claves, intenten liberarnos de la rutina, de la costumbre, de la tradición, incluso, para implantar sus novedades, sus invenciones, sus ensayos originales. Cuando me dispongo a enviar los textos de mis observaciones, confiado en que el medio del cual me valgo, permita entre el fárrago de sus naderías incluir estos humildes intentos de encontrar la verdad de las cosas, me anuncian las campanas de la Catedral que en España vuelven los aguerridos escolares y los esforzados futbolistas (pelotoneros en castellano). En las mismas fechas en que todos los prestigiosos pregoneros de la gloria nacional, proclaman el inicio de la Gran Movida Española del fútbol, siete millones de niños de todas clases y colores corren a ocupar sus pupitres, antes de que una nueva leva de inmigrantes, con o sin papeles, les deje sin banco desde el cual aprender a leer y escribir, aunque los padres, escépticos, insisten en que hubiera sido más afortunado y provechoso dedicarles al cultivo del penalty. Con los niños ocurrió lo de siempre: familias que se dejan la piel para dotar a sus tiernos vástagos de mochila en la cual transportar tantos libros como la Biblioteca Azcárate y la consabida controversia, con trazas de guerra de religión, por si la Educación patria debe o no imponer el estudio y análisis de la Historia Sagrada con Moisés y Sansón y Dalila. Y ahí acabó lo que se daba. Y en lo que se muestra la diferencia de trato de unas funciones y de otras, pese al esfuerzo del Gobierno que tan diestramente dirige el leonés Zapatero: pues en tanto que el fenómeno económico, cultural y hasta político de las Escuelas, de los escolares, de los libros de texto y de los gastos absurdos del contexto, se produce en un silencio educado, y mesurado, la manifestación de las distintas Ligas y Campeonatos de los pelotoneros, además de superar en número a los niños, padres y enseñantes, que andan con la mochila de los libros al hombro, se forma tal estado de tensión que no parece sino que el resultado, por ejemplo, de cualquier encuentro o desencuentro del Real Madrid con el Logroñés, y su resultado puede suponer el equilibrio económico del Presupuesto Nacional y la aparición de cualquier espacio privilegiado de la geografía de alguno de esos pozos de petróleo capaces de elevar la categoría a la anécdota histórica y cultural de los pueblos. «¡El fútbol! ¡El fútbol! Rárárá... ¡El fútbol y nada más!» Y allá la Concapa o como se llame la Conferencia Episcopal, y las familias nada pudientes con la Enseñanza y sus maestros, malpagados y perseguidos por las mafias de los alumnos. Lo que importa de verdad, lo que puede garantizar un prestigio internacional, no es disponer de un sistema de Educación eficaz, gratuito y bien regido por un Magisterio apasionado y bien pagado, sino el fútbol, el fútbol, el fútbol, el fútbol mecanismo que como diría Lenin, resulta el verdadero opio de los pueblos.