CORNADA DE LOBO
En tránsito
JUNTO a un paisano de viejas juventudes a quien no veía desde la guerra de las Galias y a muchos kilómetros de la querencia cazurra, convierto esta columna en crónica y relato lo que veo para envidia friolera de nuestra gente aterida, pues es estos momentos nos zurra el sol al bies en el cogote en una hora menos de la que ahí tenéis y con veintidós grados por encima de de la pelona helada que os ha caído esta noche empadronándoos en el grado cero, ese que colocaba en los morros del buey una vaharada de niebla saliéndole por los ollares en los tiempos en los que había bueyes ciertos y los canónigos del tópico que resistían esta inclemencia de la friura. Bajo este sol que nos respalda hay un mar que reverbera, un África que se intuye al fondo y unas tierras bajo nuestros pies que van de negro basalto al ladrillo cocido que un día vomitó el volcán, porque esto es Lanzarote, el jardín de César Manrique, la nueva patria de mi amigo y el refugio que eligió un sabio de la pluma para residenciar sus sueño, porque si Saramago fijó aquí sus reales y desde aquí escribe sus cuadernos, es porque tiene esta tierra un don apacible y un privilegio de la naturaleza en la sombra de cada cerro de lava. Llegué aquí después de tributar en Madrid un homenaje castañero a Feliciano Hidalgo (para siete va ya tu ausencia) que promovió Prada para otorgarle su segunda castaña de oro que le entregó quien mereció la primera, Amancio Prada. Recordar así a Feliciano fue reavivar la lección de periodismo de raza que siempre alojó en sus pasos. Con su recuerdo llegué a Lanzarote y hasta aquí surgen notas leonesas de quienes afincaron futuro y trabajo. Me transmiten su nostalgia, echan de menos. Pero aquí encontraron una patria que en León les negó una realidad apretada de intereses personales y caciqueos sin nombre y sin cuento. Y vimos a más leoneses que se acercaron al salón donde hacía Luis su programa Protagonistas . La propuesta que les hice me parece sugerente y a estimar: trashumemos. Bajemos el rebaño de nuestras frialdades una temporada a estas islas y que suban de aquí el mismo tiempo a nuestras alturas estas españolidades que desde la península vemos o sentimos tan alejadas. Y que viva la transmigración. Crucémos los pueblos de España y a lo mejor acabamos averiguando quiénes somos.