Diario de León
Francisco Muro de Íscar
León

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UNICEF ha denunciado una vergüenza social, la exclusión de millones de niños en el mundo. Cincuenta millones de niños no son registrados al nacer, es decir, no existen legalmente. Más de 8 millones de menores viven como esclavos. Más de 1,2 millones son prostituidos, hoy, año 2005. Un niño muere por causa del sida ¡cada minuto! Un millón de menores están en centros de detención. Muchos miles de niños mueren en el mundo cada día por causas evitables y nosotros no nos enteramos de nada, preocupados, como estamos, por lo que hacen los Carod, los Otegui y compañía, por el debate sobre el Estatuto catalán y por otras cosas tan urgentes. ¿Somos solidarios? Cuando se dan estos datos de la infancia en el mundo, es como cuando nos ponen en el telediario, a la hora de comer, la situación de los menores en Biafra o en Uganda. Es como una película lejana, distante que, como mucho, nos hace mirar hacia otro lado. Y seguimos comiendo. Pero en esta España que vive como nunca, aunque también haya diferencias sangrantes, también hay niños excluidos, que no quiere nadie, que no adopta nadie. Niños marginados, abandonados, olvidados por sus padres, candidatos a la calle, a la droga, a la delincuencia, a la cárcel, a la prostitución. Niños que, en muchos casos, son recogidos por instituciones privadas que, calladamente, con mucho trabajo, con mucho esfuerzo, tratan de darles acogida, educación y futuro. Aldeas Infantiles acoge ya en sus hogares a cerca de 3.000 niños en España y sostiene varias aldeas en Hispanoamérica. Horizontes Abiertos, la Fundación del padre Garralda, atiende a los niños que viven en la cárcel con sus madres, entre rejas y sin libertad. O esa Ciudad de los Muchachos del «tío Alberto», que es un oasis con normas propias y hasta alcalde en medio de una sociedad que vive de espaldas a los problemas. Están convirtiendo, con un enorme esfuerzo y con menor reconocimiento social del que merecen, a niños candidatos a la marginación en ciudadanos con todos sus derechos. En muchos casos, gracias a mujeres, seglares y religiosas, que hacen de madres, a educadores comprometidos, a personas que se dejan la vida para recuperar la autoestima de los niños olvidados y convertirles en niños queridos. Hay que ayudar a los niños de todo el mundo. Pero tampoco está mal empezar por la propia casa. MANUEL Conthe es un profesional de largo recorrido en puestos de primer nivel en Ministerios económicos que ahora preside la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y al que algunos apuntan como sucesor de Caruana en la presidencia del Banco de España. Así que no es un cualquiera y puede ser alguien con todavía mucho más poder en la economía española. Ahora ha tenido una nueva iniciativa aún más grave y peligrosa. Ha enviado una circular a la Asociación de Directores de Comunicación de las grandes empresas anunciándoles su propósito de que las empresas españolas deban comunicar a la CNMV todas las reuniones que mantengan «con analistas, inversores y medios de comunicación», tanto en España como en el extranjero , al menos con dos horas de antelación, especificando el objetivo, lugar, fecha y hora, así como los medios técnicos con los que cualquier interesado las pueda seguir en directo. Sugiere, eso sí, que lo mejor es transmitirlas por Internet. Además, las empresas deberán acreditar a funcionarios de la Comisión para que asistan a esas reuniones, tomen notas e informen a quien corresponda. Y recomienda que la información que se vaya a entregar figure previamente en la página web (supongo que para evitar el viaje del funcionario «censor», si a éste se le acumulan las reuniones). La propuesta señala que la norma no será de obligado cumplimiento, pero sí «recomendable» ya que quienes la sigan reducirán «el riesgo de infringir la Ley del Mercado de Valores». El que avisa no es traidor y el que controla, controla. Al margen de la escasa inteligencia que presupone el señor Conthe a los directivos de las empresas, que pueden revelar lo que no deben, lo importante es el fondo. ¿Resucita la mordaza el señor Conthe, propone límites al derecho a la información, quiere controlar qué empresario habla con qué periodista, qué le dice y qué publica éste o es a los periodistas a los que quiere atar corto? No es de extrañar que las asociaciones profesionales, hayan dado un primer toque de alerta y afirmen que esta propuesta vulnera el artículo 20 de la Constitución y limita la libertad de expresión y el libre acceso a la información. ¿No sería mejor suprimir todas las ruedas de prensa, prohibir las entrevistas, volver a la censura previa y enviar al señor Conthe los artículos antes de publicarlos para su aprobación? Así nos quitábamos problemas todos. 1397124194

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