CORNADA DE LOBO
Callarse
HABLABA Zapatero con chavales de un centro escolar. Le hacían preguntas. No se notaba nada que estaban tiesas y filtradas. Los profesores, allí detrás, clavaban ojos en las espaldas de los alumnos y prorrumpían en risitas nerviosas propias de empleado pelotero mirando al jefe, que aquí era el boss top. Todo muy natural, como cada vez que se puebla un sitio de cámaras, escoltas y paripés protocolarios. Sin embargo, Zapatero estaba relajado. Las preguntas no llevaban especialmente más hierro o filo que el calculado o consentido, pero hubo una respuesta que tomo por muy sincera y reveladora. ¿Qué es lo que echa usted de menos?, dijo un rapaz. El silencio, contestó Papes; el silencio y pescar truchas en León, estar con mi familia... ¿Cuánto tiene que hablar o escuchar cada día un presidente de Gobierno? Audiencias, comparencias, impertinencias, cuchicheos de asesor, explicaciones y discursos embuten y repisan cada jornada de un mandatario. Tras recibir a un embajador, parlamenta con un sindicato, negocia con empresarios, abronca a un coronel, dicta una carta, adiestra a su jefe de grupo parlamentario, conspira con la ejecutiva, llama al baranda de la oposición, despacha con su jefe de gabinete, se enreda con un ministro... Todo el día hablando. Cuanto más se habla, más se yerra, se dice. Lógico es que eche en falta el silencio, siquiera sea por rebajar el cupo de errores que sin duda ha de conlarse entre tanta y tan diversa parrafada. Y ya no son sólo los errores o gazapos de los que después uno ha de obligarse a enmendar o desdecir, sino las palabras huecas, el humo, los adornos o el papel de colorines con que tienen que envolverse las promesas. ¿Cuánto silencio dejan a un presidente para que rumie, considere o corrija? Amén de toda la agenda, ¿cuántas llamadas atiende al día?... Pues si no hay tiempo para callarse o meditar, ¿cuánta cosa, sinceramente, nace de la reflexión y cuánta del tirapalante?... Te recuerdo, paisano Papes, que en el Juicio Final (anda, que creéis en él y en las procesiones del Corpus), en ese juicio, digo, las primeras cuentas que le piden a cada cual es la de todas las palabras innecesarias dichas en la vida. Por no callarse. Y si el silencio es la nutrición del alma o el pórtico de las decisiones, por favor, exíjelo. No sólo por tu salud. Se juega nuestro bien.