Diario de León
Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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Jonás es recordado sobre todo por la ballena. Parece el protagonista de un cuento inverosímil. Nadie viaja durante tres días en el vientre de un cetáceo y se dedica mientras tanto a componer un salmo estupendo. Evidentemente, quien escribió ese relato sabía bien lo que hacía. Con rasgos increíbles quería transmitir el más creíble de los mensajes sobre el amor de Dios. Dios ama a los hombres, incluso a los pecadores. Y se las ingenia para invitarlos a la conversión. El libro de Jonás es, además, un hermoso relato sobre el humor de Dios. Un Dios que confía de verdad en un profeta cascarrabias, que no acaba de aceptar la misión que le encomienda. ¡Nada menos que ir a predicar a Nínive, la capital del imperio opresor! En todo el relato sobresale una constatación: Cuando vio Dios que los ninivitas se convertían de su mala vida, tuvo piedad de su pueblo el Señor. Esa es la gran moraleja. Dios es compasivo, pero no es nacionalista. Su amor no tiene fronteras. El don y la tarea Da la impresión de que el Evangelio de hoy compara a Jesús con Jonás (Mc 1, 14-20). No en su obstinación y rebeldía, por supuesto. Sino en el mensaje que va pregonando por las tierras de Galilea: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la buena noticia». La primera parte de su mensaje es un anuncio y la segunda es una exhortación. En el anuncio se habla de Dios. En la exhortación se convoca a los hombres. Comienza por pregonar un don y pasa a proponer una tarea. En realidad, así debería ser siempre. No se puede ir por el mundo exigiendo algo sin ofrecer nada. Jesús pide la conversión, pero antes nos ha anunciado la llegada del Reino de Dios. Y ese advenimiento no puede dejar a nadie indiferente. Porque Dios es nuestro Rey y Señor, es necesario y posible vivir de otra manera. Porque somos miembros de un Reino estupendo no podemos vivir como los malhechores. El profeta y la profecía Lo que asemeja a Jesús y a Jonás es esa proclamación de la conversión. En ella se nos revela la grandeza del profeta y la calidad de su profecía: ¿ «Convertíos y creed la buena noticia». Difícilmente podrá cambiar de vida y de valores, quien no ha creído en el mensaje que anuncia la majestad de Dios y su bondad. Pero no es verdadero creyente quien no traduce su fe en un cambio y renovación de vida. ¿ «Convertíos y creed la buena noticia». La fe y las obras son inseparables. Reducir la fe a simple ética es empobrecerla. Pero presumir de fe cuando no se cumplen sus orientaciones es una hipocresía. ¿ «Convertíos y creed la buena noticia». Ese pregón evangélico es parte importante del mensaje que ha sido confiado a la Iglesia y a cada uno de los cristianos. Para anunciarlo de forma creíble hay que hacerlo propio y vivirlo con sinceridad. - Señor Jesús, que nunca olvidemos estas primeras palabras con las que inicias tu misión entre nosotros. Aumenta nuestra fe y apoya nuestra voluntad de convertirnos. Amén.

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