Diario de León
Pedro García Trapiello

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LA TORTA, como terapia; la lucha, como juego; el empujón, por norma; la bronca, como escuela... La novedad de estas brizas antiguas es que pueden reglarse y concitarse por móvil. Ocurrió en Ponferrada. A un guaje de instituto le inflaron el belfo y los colegas convocaron a la estudiantina en general a tomarse revancha y montar pifostio en una calle céntrica para zurrarse la badana y a reparar honores abollados. La policía abortó la golpiza. Lástima. Déjalos, a ver si se matan, nos decían la gente mayor en enzarces o cuando arremetíamos a carterazos al chivato y al matón (bueno, con el matón nos acojonábamos casi siempre). La novedad de este suceso es que la convocatoria se realizó con mensajes de tiruliru. Pero no es tanta novedad, porque de siempre los retos a duelo o el partirse los morros en la calle -sal, si tienes cojones- exigieron una convocatoria formal y anunciado aviso de querer matarse; incluso en siglos pasados se hacía con tarjeta y precisando hora y dónde, generalmente tras la tapia de un cementerio; ya de morir, que no haya que mover mucho el despojo. Las peleas expontáneas o nacidas de calentón degeneran, pero las que están regladas por algún código espadachín o norma tácita de callejón son las que auparon la taquilla de la industria del cine americano o las fiestas romanas de Astorga, aun siendo puro simulacro ese raspe de mentirijillas entre legionarios romanos con catapultas de pega y astures de más pega todavía. Vino Estrabón hace dos milenios por aquí y vió a los lugareños astures que peleaban en las eras de sus poblados. No es que se odiaran entre ellos, que también; practicaban luchas gimnásticas, se adiestraban para la guerra (que siempre empezaba con el de al lado, el odiado vecino, manía recalcitrante que aún nos persigue en esta herencia de ancestro oscuro). Aquellas peleas eran escuela. Tiempo después, las dreas entre barrios también fueron aula de vida pura y puta (que también te da tortas). O las ensaladas de hoztiazo y de pilón que se solmenaban los mozos de dos pueblos con tirria en romería patronal. Estrabón lo calificaría todo ello como «luchas gimnásticas». Como recurso turístico sería impagable: se convoca por móvil a toda España a leches babianas y lacianiegas en Carrasconte... y arrasamos. Procédase y mandaremos a la porra a ese carísimo Fitur.

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