Diario de León

EL PULSO Y LA CRUZ

Cumplimos diez años

Publicado por
ANTONIO TROBAJO
León

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LO NUEVO y lo viejo. O lo de ayer y lo de mañana, sin olvidar lo de hoy. Es un modo -hay otros- de tomar el pulso a la marcha de los discípulos de la cruz. Es lo que ha intentado e intenta este apartado de presencia de la Iglesia Católica en «Diario de León», que fue «periódico regional católico» y al que algo le queda, aunque a menudo enseñe la patita y cobije embestidas verbales, que de las otras, de momento, algunos firmantes, a lo que parece, se quedan con las ganas. Cosa que por otra parte no debe de extrañar (es una constante en la historia) y menos en los tiempos fundamentalistas que corren. Tiempos que acechan a las religiones... y a las ideologías, que no se crean. Están, pues, ante la sección de «El pulso y la cruz», que cumplió justamente el sábado pasado diez años de existencia, semana a semana -con algunas excepciones nunca debidas al autor-, con los lectores. Y uno cae en la cuenta de que diez años son una décima parte del tiempo de pervivencia del periódico, lo que no es poco. Y mucho en la vida de uno, que ya no es corta. Consten aquí, pues, las gracias a la dirección del periódico que ha permitido la continuidad de la sección y llegue el rendibú, sobremanera, a ustedes, los lectores, que son quienes, de mil modos, animan a pulsar la tecla del ordenador de quien firma. Esperemos tener salud y lucidez para poder seguir acercándoles el pulso de nuestras realidades cristianas. Que ustedes lo lean. A lo de cada sábado. Ya hay convenio de colaboración entre la Diócesis de León y la joven, todavía, Universidad leonesa. Es verdad que es sólo un acuerdo marco, firmado en días pasados por el Obispo y el Rector, pero abre las puertas a mutuas cooperaciones en favor de la sociedad leonesa. En favor, claro, de su «amejoramiento» integral, porque, si no, aviados íbamos. ¡Ah! Como aviso para navegantes: lo de integral incluye la dimensión espiritual de las personas, en cuyo ámbito lo religioso tiene no sólo derecho sino también necesidad de estar. A pesar de los tiempos de laicismo que nos invaden. Por eso, uno, en su fuero más interno, reconoce que esta firma tiene mucho de milagro. Precisamente por lo dicho. Esperemos que la buena voluntad que lo ha engendrado, ella misma lo lleve a buen término. Amén. Como el intento de poner en funcionamiento, en nuestra provincia, el Teléfono de la Esperanza. En Castilla y León, que sepamos, funcionaba en Burgos; ahora quiere instalarse en el corazón de esta comunidad histórica que fue el Reino de León (¿ya no lo es?). Acogemos aquí este teléfono con el mismo calor que su nombre sugiere. Que salga adelante. Y sepan que debe ser algo muy querido por los católicos, por cuanto nació de la fe de aquel buen fraile de los Hermanos de San Juan de Dios, fray Serafín Madrid, que lo puso a la escucha allá por la Sevilla de los años sesenta. Ya del siglo pasado: ¡Señor, cómo pasa el tiempo! Pregunten, si les quedan dudas, a las monjas clarisas de Villafranca, las del ciprés de la Anunciada -que sigue vivo y ahora sale en un sello de correos-, que están a punto de celebrar el IV Centenario de la fundación de su monasterio. O acudamos a las paredes de Palat del Rey, en el eje del León Antiguo, que recibe los últimos retoques para quitar las arrugas de más de mil años de existencia y ponerse de punta en blanco para funciones religiosas y culturales. O vayamos hacia Villaquejida, la patria -dejémoslo en co-patria, para no molestar a los de Mayorga de Campos- de Santo Toribio de Mogrovejo, aquel misionero y pastor gigante, que, por cierto, entra en el IV centenario de su muerte. En Villaquejida vive, hecho un chaval de cien años, Don Julio Rodríguez, nacido en Laguna de Negrillos y transplantado a la «villa quexida» por eso de formar hogar con su hijo Justo, el «cura» párroco del lugar. Que los años de más que Dios le conceda sean para bien del personal. Inclusive de su hijo, que, como sea verdad que la longevidad también se hereda, terminará por enterrarnos a todos. No sería mala compañía para ese inevitable último viaje.

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