CRÉMER CONTRA CRÉMER
Los reajustes electorales
ESTÁ O DEBIERA ESTAR suficientemente claro que un gran número de vecinos desearían ser Alcaldes, Presidentes o al menos concejales o pedáneos. Y con mayores y lógicas ambiciones, sí que también con más justos derechos y razones, aquéllos que por acto de servicio, por vocación o por ambición política perfectamente noble, dedican sus trabajos y sus sacrificios a lograrlo. En León, que es tierra de desmesuras, la pretensión de ocupar «el puesto que pretenden tener allí» es notoria y notable. Aquí, en esta tierra de bendición, el que no aspira cuando menos a ser nominado para edil, que es a lo menos que puede aspirar un vecino, se queda o para vestir santos o de cuadra. Y para que esto no ocurra se producen estos casos de pelea, de agresión, de zancadilla que el ser humano se inventa para ser lo que quiere ser, caiga quien caiga... Así Don Mario, Alcalde del Ilmo. Ayuntamiento, dice y declara urbi et orbi que desea seguir siendo alcalde y que lo de la controversia entre su justo deseo y la posible llamada a la puerta consistorial de Don Javier García-Prieto, Presidente de las Excma. Diputación, es una invención sacada de contexto por sus rivales, los señores del PSOE o los también señores del núcleo 1.º del leonesismo y los del núcleo 2.º del mismo viento político, a los cuales les parece de ley que al cabo de tantísima espera les sea llegado el momento de aparecer ante el electorado como una joven promesa. No se conocen las razones - justas sin duda- que mueven a los unos y a los otros y aún a los de más allá, pero parece que conviene que cada grupo ofrezca ya sus líneas programáticas y aclare la verdadera situación de cada cualo. El señor Alcalde, felizmente reinante, asegura que lo que importa es no mover estrados y que cada miembro ocupe su juego en el cuerpo electoral. El señor Presidente de la Diputación (no sin irritaciones múltiples) pues el puesto será sin duda el más ambicionado y peleado, sugiere que no tiene ningún deseo de modificar su situación civil, profesional o política, y voces muy afinadas se consuelan con los versos clásicos: Si García Prieto volviera yo sería su escudero, que buen Presidente era... Y para evitar entredichos y trampas filibusteras, el Alcalde señor Amilibia se adelanta hacia las candilejas de la antigua farsa para declarar: «Mi relación con García-Prieto es inmejorable, que fuera mejor es un poco difícil y todo el maremágnum levantado alrededor de este tema no es sino una maniobra del partido socialista». El cual, por cierto, ambiciona ocupar nada menos que la Presidencia de la Junta, si Herrera lo permite. Queda todavía mucho tiempo para las elecciones, pero el gato que se duerme sobre el tejado de cinz, pierde pan y pierde cargo. ¡Y eso es lo verdaderamente doloroso!