CRÉMER CONTRA CRÉMER
Habemos aviación
EL LARGO, PENOSO y caro proceso de la aviación en León pasa de vez en cuando y de cuando en vez por procelosas tormentas cruzadas. Hubo un tiempo glorioso y diríamos que feliz, en el cual, la aviación parecía ser parte integrante de nuestro cuerpo técnico: La Academia de Aviación adquiría prestigio y los jóvenes oficiales alcanzaban los supremos grados bajo la pompa unánime de los cielos leoneses. Y las chicas se casaban con aviadores. Cuando cruzaban nuestros cielos algún aparato, se suponía que un leonés le tripulaba. Vinieron las borrascas y alguien no supo dominar los mandos y la famosa y gloriosa academia de pilotos desapareció o prefirió otros vientos andaluces más cálidos a los transparentes pero frígidos de León. Y nos quedamos en tierra. Y así pasaron años, muchos años, sin que la nostalgia se borrará de nuestros mejores recuerdos. Y fue la Cámara Oficial de Comercio e Industria de León el organismo que advirtió con mayor intensidad lo que León perdía si se borraba de su cielo la silueta del avión, dejando impresa la huella de su paso entre las nubes del viejo reino. Y precisamente cuando la mayor parte de la generación estelar de la aviación para León se desvanecía en la indiferencia o en el desencanto y una sociedad fracasaba cuando se disponía a explotar el mecanismo volador, llegaran al fin unos hombres beneméritos, ajenos tal vez a cualquier vocación aviatoria, y se inscribieron para conseguir una sociedad estable que nos hiciera soñar de nuevo con nuestra aviación. A tan denodado movimiento se alistaron industriales de la construcción, gentes valedoras del comercio y nostálgicos de los tiempos felices de León como centro de una acción de recuperación. Y nació «Lagun Air». Y la Diputación, el Ayuntamiento, Caja España y algún organismo dispuesto a redescubrir el futuro de la capital del Viejo Reino, consiguieron poner en vuelo un grupo de aparatos que nos garantizaba el entronque de la capital leonesa, es decir el León lamentablemente marginado, en un instrumento de recuperación activo y valioso. Hubo titubeos, zozobras, vientos tormentosos y hasta abandonos, pero persistía el deseo de los leoneses de no quedarse cercados por sus propias limitaciones mentales. Debíamos dinero a granel, y no parecía que pudiéramos con la carga. El Ayuntamiento vejó la espada y se dispuso a perecer por inanición. Hasta que otra vez los mismos Cides que elaboraron las promesas bases, se aliaron para constituir el núcleo que se presta a sacar adelante viento en popa y en lo alto las estrellas nuestra aviación, que es como si dijéramos y decimos con esperanza, nuestro tren, nuestro futuro. ¡No permitamos que esta declinación temperamental se repita de nuevo, porque así como el cartero no llama dos veces a nuestra puerta, tampoco es fácil que la desidia se imponga, y sigamos esperando el milagro que nos reintegre al ritmo normal de una sociedad que exige sacrificios y voluntades. Si esta nueva y generosa iniciativa también se frustrara sería cosa de coger la manta y la hamaca y emigrar a tierras de promisión.