Diario de León
Pedro García Trapiello

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DERRAMÓ el cielo furias y fulminó un rayo la espadaña de la iglesia de Prioro prieta en aquel momento de poblada feligresía por ser funeral de pueblo que obliga a comparecer y a compadecer. Como bombazo fue. Paberse matao. Sembró pánico, ambulancias y un helicóptero. Hirió a muchos. Milagrosamente, nadie murió. Pudo haber sido tragedia. Fue como un pájaro de Al Qaeda forrado de trilita y disparado contra el campanario con órdenes expresas de Alá. Hubo a quien le salió alguna derivación del rayo por las extremedidades o la boca, que es como se dibuja en los cómics a quien despotrica o jura en arameo, así, saliéndole flechas en zigzag y culebrillas por debajo del bigote. Qué bestialidad de los elementos. Un catapún electrizante erizó el miedo; un calambrazo apocalíptico agitó profecías. Hay quien aventura tufos agoreros. Hace un año, otra tormenta de gran aparato eligió la casa rectoral para descargar su castigo. Lagarto. Y ahora en la iglesia. Es como si el cielo preñado de voltios persiguiera al señor párroco. Y como no hay dos sin tres, habrá muchos que, en barruntando temporal, procurarán la próxima vez poner distancia prudencial del señor presbítero o largarse con algún recado al pueblo vecino, no sea que... Es para pensar que este cielo que así canta algo tiene en la garganta, alguna maldición esconde o se ha puesto a perseguir a alguien. Lo de la rectoral y ahora la iglesia parece casualidad redundante, ¿premonición?... cosa rara, pues los cielos han de estarle infinitamente agradecidos a esta comarca de Prioro y alto Cea por ser la mejor cantera de seminaristas y curas como ninguna otra en León; y de capellanes, arcedianos, canónigos y algún obispo obispón. Antes, contra las truenas y tormentonas de Júpiter tonante, se pintaban cruces en paredes o chimeneas; y por Maragatería, sacaban al corral dos palas del horno de cocer pan y, colocadas en cruz sobre el suelo, se advertía a pedriscos y descargas que «allí no», que pasara, que aquello era suelo cristiano y devoto. A la cruz de Caravaca se la atribuían también blindajes de este tipo, pues era milagrera y fetichista como pocas hasta irritar por ello a la autoridad eclesiástica que no la tenía por «vera cruz»... Pero es que en Prioro el rayo buscó precisamente la cruz del campanil. Y ya viste.

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