CORNADA DE LOBO
En secreto
QUIEN se guía con guías jamás encontrará el pálpito de lo imprevisible y la conquista personal. Las guías proporcionan -siempre presuntamente- una información oportuna, curiosidades, direcciones, pero en esas guías jamás aparece ese rincón que uno espera para enamorarse de él, rincón que siempre estamos buscando para tomar posesión moral del sitio: este es mi rincón, el nuestro... y de nadie más, nos decimos. A falta de que aparezca un día nuestro rincón definitivo, siempre tenemos uno más cercano y posible que es el refugio que nos agrada, el asilo de nuestros disgustos o festejos. Muchas veces es un paraje contiguo, uno algo alejado y recóndito, un soto de un río, unos prados cervunales en lo alto de la collada, una veguilla fresca entre la atorrada paramera, una huerta ajena abandonada a las afueras de un pueblo con muletas también abandonado. La guía siempre ignora o esconde más que cuenta. Hay mucha verdad que allí no sale. Si lo sabré yo, que he tenido que escribir un buen montoncillo de ellas, siempre escondiendo, sacando lo halagüeño, exaltando lo de mérito y soslayando lo demás, que también habría que contarlo para que el viajero no se encuentre con la estafa. En mi caso, además de lo ignorado, hay algo que sobra, cosas que no debí escribir, pistas y sugerencias, parajes que quería compartir porque invitaban al gozo. La intención era buena. Las consecuencias, no tanto. Debí dejarlas en su secreto porque en algunos casos eran «mis rincones», esos que uno apadrina y los cuida si le dejan o los llora si se pierden. A muchos de estos secretos violados se les ve ahora hollados y casi siempre humillados. Las huellas de toterrenos son un aviso de nuevas hordas. Eran parajes donde jamás entró cosa con ruedas, ni siquiera un carro, quizá un forcao que fuera estrecho... y con angustia. ¿Qué hacer con la peste de vehículos que pedorrean en naturalezas que fueron vírgenes?... Aquí es donde la Diputación ha tenido una idea garrida. Editará una guía de caminos para toterrenos , pero mucha información es falsa, conducen a trampas y ciénagas o se quedan en camino sin retorno, putaditas deportivas que pretenden disuadir a tanto pijo que se obliga a sacar al monte alguna vez el pedazo granrobler que se compró sólo para fardar en ciudad.