Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

La tempestad y el sueño

Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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El final de la primavera ha venido acompañado de tormentas espectaculares. Parecían la imagen de las otras tormentas que ensombrecen nuestra vida. Hay muchas ocasiones en las que el horizonte se cubre de nubarrones y no acertamos a ver con claridad. No encontramos la serenidad y el terror se apodera de nosotros. En los textos litúrgicos de este domingo 12 del tiempo ordinario se evocan esas situaciones. Acosado por desgracias y dolores, Job no encuentra consuelo en sus amigos. Para defender la justicia de Dios, sólo saben culparle a él de secretos pecados que habrían desencadenado su mala suerte. Job se atreve a poner por testigo de su inocencia al mismo Dios. Y Dios le habla desde la tormenta. Él es quien cerró el mar con una puerta y puso limites a la arrogancia de sus olas (Job 28, 8-11). También el salmo 106 canta la fuerza y la compasión de Dios que se manifiestan precisamente en medio del mar embravecido. Él suscita la tormenta y él la apacigua en suave brisa. Dudas y zozobras La misma experiencia se recoge en el evangelio (Mc 4,35-40). Ahora son los discípulos de Jesús los que están aterrados por la fuerza del huracán y de las olas que rompen contra la barca. Y, lo que es peor, en medio de aquella tempestad, Jesús duerme en la popa. El relato evoca muchas situaciones de zozobra propias y ajenas. - Hay momentos en que las cosas se ponen difíciles en el ambiente familiar o laboral. Y no vemos una salida a tantas dificultades. - A veces, nuestro país nos parece arrebatado por un viento de locura que destroza a las personas y desequilibra instituciones. - En otras ocasiones, es nuestra Iglesia la que parece zarandeada por todas partes y a punto de hundirse en la miseria. Con frecuencia tenemos la sensación de que Dios se ha alejado de nosotros. O está dormido, ignorando nuestra angustia y nuestros miedos. En el relato evangélico, los discípulos piden auxilio con un grito que parece una blasfemia: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Nadie debería pensar que la oración está hecha de almíbar. Las preguntas El resto del relato contiene otras tres preguntas. Las dos primeras se ponen en boca de Jesús. Vienen a sacudir nuestro desaliento personal y nuestra modorra comunitaria ¿ «¿Por qué sois tan cobardes?» Deberíamos recordar que había que contar con las dificultades. Los que tratan de educarnos para un mundo facilón nos engañan e infantilizan. En la vida cristiana, la fortaleza es un don del Espíritu Santo. Y una tarea personal. ¿ «¿Aún no tenéis fe?» Algunos se piensan que la fe nos ha hecho miedosos y cobardes. ¡Es lo contrario! La falta de fe debilita nuestra confianza. Si nos fiamos de nosotros mismos sólo encontraremos el fracaso como resultado. Olvidamos que el Señor viaja con nosotros. ¿ «¿Quién es éste?» Es la pregunta final de los discípulos, asombrados de que el Maestro haya dominado al vendaval. Pero en la pregunta está ya la respuesta: Él es aquel a quien el viento y el mar obedecen. Jesús se identifica con el Dios que apacigua la tormenta. - Señor Jesús, que conoces nuestros miedos y nuestra falta de fe, escucha nuestra petición de auxilio y afianza nuestra confianza en ti. Amén.

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