Diario de León
Publicado por
MIGUEL MURADO
León

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HUBO UN TIEMPO en que la supervivencia del mundo dependía de una llamada telefónica. Eran los años de la Guerra Fría y se trataba del famoso teléfono rojo, del que estos días se cumple su cuarenta y tres aniversario. Pero tan sólo cuarenta y tres años después no sólo no existe ya una Guerra Fría sino que ni siquiera existe la Unión Soviética. Cuando se supo que las comunicaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin habían dependido en los momentos más críticos de un mensajero de la embajada soviética que iba y venía de la compañía de telégrafos en bicicleta, alguien decidió que era hora de crear una línea directa entre los dos rivales nucleares. Se instaló al año siguiente, pero no fue un teléfono. Éste, en realidad, no existió nunca como tal. Para la imaginación popular, sin embargo, reflejada en numerosas películas de Hollywood, el teléfono rojo ha sido siempre un teléfono y, como tal, su éxito fue extraordinario. Por una parte, suponía un elemento tranquilizador en una época de sobresaltos; por otra, había un lado cómico en todo esto, como si se tratase de un gigantesco chiste de Gila, algo que muchos humoristas supieron aprovechar entonces y que culminó en el célebre film de 1964 de Stanley Kubrick que en España se tituló Teléfono rojo , volamos hacia Moscú (curiosamente, teléfono rojo es el nombre que se le daba en la URSS, no en Estados Unidos, donde siempre se le ha llamado The Hotline , la línea caliente). Irónicamente, el auténtico teléfono rojo tardó al menos tres años en sonar por primera vez después de la película de Kubrick. La primera vez que lo hizo fue el 5 de junio de 1967, cuando el Kremlin quiso saber si Estados Unidos estaba detrás del ataque israelí contra Egipto, Siria y Jordania en la llamada Guerra de los Seis Días . El teléfono rojo todavía existe, pero nunca ha estado instalado en la Casa Blanca, sino en el Pentágono, con cuyo mando militar se comunica el Presidente de Estados Unidos mediante un sistema de códigos. El estado de la línea se verifica cada hora con un mensaje de prueba y, al parecer, los técnicos tratan de aliviar esta rutina enviándose textos literarios con juegos de palabras difíciles de traducir o recetas de cocina. Si hacía falta alguna prueba más de que la Guerra Fría ha terminado, quizá no haya otra mejor que esta.

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