Diario de León

El paisanaje

Agua, que se quema el río

Publicado por
Antonio Núñez
León

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LOS MAÑOS y los catalanes han decidido blindar el Ebro en sus nuevos estatutos de autonomía y no trasvasar ni una gota a los de Murcia y Valencia, los manchegos han hecho lo propio con el trasvase Tajo-Segura y aquí mismo los de la UPL reivindican una autonomía uniprovincial fundamentada en el muro de presa del pantano de Riaño y cuyo estatuto se basa, a su vez, en tres demandas históricas: artículo primero, como sólo llueve aquí de toda la vida, el agua es nuestra; artículo segundo, a los de Valladolid, ni un vaso; y, artículo tercero, cuando por una emergencia de sequía haya que derogar el artículo segundo, se aplicará el artículo primero. Luego pasa lo que pasa, viene una riada, como la de la otra semana, y nos quejamos del atracón. Las tonterías que se están legislando en España sobre el reparto y la utilización de los llamados recursos hídricos a cuenta del calentamiento global del Planeta, mayormente por el Sáhara o, siendo ya muy pesimistas, de Benavente para abajo, sólo es comparable a la bobada nacional de concentrar todo el desarrollo urbanístico en el Mediterráneo, la tierra de la Narbona, donde lo que sobra es sol, pero no hay con qué llenar el botijo. Los de Agelco, que están en todo, a lo mejor hasta podrían diversificar el negocio a través de cierto pariente de la Cámara de Comercio importando clima enlatado a cambio de exportar el líquido elemento. Si es por liquidez, no tienen problemas y, además, ya hay una cabeza de puente con Lagun Air, cuyo nombre lo dice todo. He aquí otro negocio redondo después de cuadrar el ladrillo. Todo puede mejorarse, sin embargo, según la ministra Narbona y su nueva teoría del grifo nacional, de acuerdo con la cual tocamos a sesenta litros de agua per cápita y, a partir de ahí, habrá que pagarla a precio de Coca Cola. Algunos estudiosos han hecho cálculos a ojo de buen cubero y les sale que el cupo sólo da para poner una lavadora al día y a los más pudientes para amortizar el lavavajillas un día de cada dos. La penúltima chorrada del chorro de tantas como discurren en la cabeza de la Narbona, y perdónese el término, pero es el más liviano que se le ocurriría a cualquiera después de consultar el provecto diccionario de la Real Academia de la Lengua, ha sido lo de los sesenta litros. Si fueran de tinto de Rioja, la única comunidad que no ha blindado el Ebro, la cosa podría pasar. Da gusto ir por allí y ver las vides alineadas, cada una apoyada en su alambre como luego nosotros en la barra y todos asentados en el suelo, si bien dice el tabernero que la firmeza depende de cada cepa y de según qué paisano. Pero el medio ambiente no puede ser más saludable. En las tertulias de la radio se cachondean de la Narbona calificándola de demagógica y tal y cual. A mí también me lo parece, pero hay que tener en cuenta que, respecto al agua, cada país tiene su propia cultura, en general ninguna restrictiva: los rusos se bañan a pelo en el hielo de diciembre para equilibrar la temperatura exterior con la del vodka (unos cuarenta grados), los escoceses ven mejor entre la niebla añadiéndole espirituosos vapores de whisky y los franceses, que son unos guarros, sólo se bañan en champán, de ahí lo mal que huelen después de darles un fregado las francesas el sábado sabadete. Cuando las bobadas se elevan al consejo de ministros automáticamente adquieren rango de tonterías de solemnidad, que los telediarios se apresuran a tomar en serio. Se dicen tantas que a veces uno añora el No-Do, cuando las únicas noticias que dejaba filtrar la censura eran los discursos de Franco, que siempre acababan igual: «queda inaugurado este pantano». También entonces el poder tenía la obsesión de manipular a la opinión pública, que siempre daba vivas a los embalses sin caer en la cuenta de que en las casas no había agua corriente. Ahora sucede al revés. El Gobierno no construye pantanos y los pisos tienen dos cuartos de baño con la respectiva grifería. Demagogia por demagogia no puede uno evitar retrotraerse al pasado, opinión que comparte cierto amigo mío, latinoché de Buenos Aires, según el cual, si él es un descamisado , de Perón, nosotros vamos camino de ser los guarros de Zapatero, aunque tengamos dos camisas, porque no va a haber con qué lavarlas. Como no me llega el sueldo para retejar con lo que ha llovido estos días y después pagar a la ministra Narbona, ayer les di a los míos la orden de obedecer al Gobierno. «Nada de ducha diaria», les dije, «así que a partir de ahora nos mudanos otra vez sólo los domingos de misa y el que quiera más que salga con el jabón al patio antes de que escampe». Antes éramos pobres y contábamos en familia a cuántos garbanzos tocábamos cada uno. Hasta el caldo del cocido está racionado desde ayer.

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