CRÉMER CONTRA CRÉMER

Cuando a León venía un negro

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

ERAN OTROS TIEMPOS, otras costumbres, otras maneras de andar por el mundo. Ni mejores ni peores dicen los más viejos de la localidad, porque en definitiva, si le quitamos al cuadro sus coloraciones textuales de moda, todos los tiempos son idénticos y lo que cambia, se transforma o se disfraza son las mañas, las costumbres y la especial manera de matar pulgas. O porque el ser humano, con las variaciones impuestas por las variaciones atmosféricas y políticas sigue siendo igualmente terco en el error y dotado de la misma ingenuidad y del mismo grado de malicia y de mala uva. Nada es nuevo bajo el sol, decían los oscuros y obstinados hombres de la tierra. Y los pueblos, con muy ligeros cambios en el acento y en el lenguaje, seguían asombrándose por los mismos fenómenos y enamorándose de las mismas mujeres dotadas del mismo caudal de belleza y seducción. Eran los años veinte y algo más y León seguía siendo un poblado histórico y pacífico, con Regimiento de Infantería, Audiencia Provincial, Obispado y naturalmente alcaldía propia de su rango, cubierta por hombres muy bien dotados para todos los eventos que podían acontecer en la rúa. Por ejemplo, la llegada de un forastero, de características peculiares: Contemplar en aquellos memorables tiempos un negro por la calle era un acontecimiento de los de calendario y la población comentaba el suceso como si se tratara de la aparición de otra virgen en la campa de arribas de Trobajo del Camino. Y este acontecimiento se solía producir desde hacía dos o tres años, por la sola atracción indígena de muchachas bellas. Más según los estetas de la época (las de Calabozo, que se decía) que tenían su residencia, a la sombra de la muralla, en la castiza calle de Serradores. El galán que las rondaba y con las que solía pasear, según las cronistas de la época, procedía de un reino africano y el heredero estudiaba en Madrid alguna de las carreras indispensables para cubrir el protocolo. La presencia del hermoso ejemplar se convirtió en el motivo de la curiosidad general. Y tal como ahora se sigue el paso de la famosa de turno, aquel efebo, orgullo de la negritud más aristocrática, no digamos que paraba el tráfico, porque en aquel León patriarcal no rondaban por las calles de la capital más que dos coches mecánicos: el de Rosales y el de Laurín. Y seis burrillos de chapé. Se habló y se noveló el hecho de aquel negrito y sus amoríos con la más bella del lugar, hasta que transcurrido cierto tiempo, el muchacho de color, se conoce que cumplido su cometido, desapareció. Y aunque parezca raro el caso fue que la estancia del novio o lo que fuera de las de Calabozo dejó huella. Y se habló y se inventó la bonita historia de aquel negro que había pasado por León como el personaje de una novela. Ahora y hasta aquí queríamos llegar, se nos anuncia que la Junta de Castilla y León en uso de las facultades y de las necesidades nacionales se dispone a enviarnos en sustitución de huéspedes pagados el 25 por 100 de los inmigrantes que recibe la comunidad. Y nos hemos llevado las manos a la cabeza: «¿A dónde vamos a parar, si es que esto puede pararse?» «Éramos pocos y parió la abuela y los cayucos amenazan con invadir las aguas del Bernesga, del Torío y de la Charca de la Emiliana, depositando en nuestras costas centenares o miles de hambreados a los cuales nos corresponde dar trabajo, vestirles, alimentarles y dar a sus hijos y demás familia la educación que en razón de su raza y de sus inclinaciones raciales y religiosas proceda. León, según las estadísticas, ha recibido ya cerca de doscientos inmigrantes a los cuales ha atendido la Cruz Roja y la ONG «Accem». ¡Bienvenidos, compañeros! ¡Moriremos juntos con las botas puestas!

Cargando contenidos...