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OCURREN cosas tremendas en los belenes. No son lo que eran. Corren los tiempos que se las pelan. El portal, por ejemplo, es ahora solar recalificado, vallado y desalojado de ocupas. En él se levantará un edificio de ocho plantas, así que el próximo año el pesebre se instalará en el cubículo del cajero automático de la sucursal que abrirá allí el banco del Espíritu Santo (¿podría ser otro?). Este portal no tendrá buey ni mula para calentar con vaho a la criatura; ahora, tarde o temprano, asomarán dos monstruos adolescentes con lata de gasolina y un villacinco que empieza con el caritativo verso de «te vamos a dar calor»... Tampoco el castillo de Herodes es lo que era. Hoy es acuertalamiento y base acorazada del ejército israelí, mientras al pie del monte en que se alza se rifan tortas palestinas entre sí, las tortas de nunca acabar. Herodes se exilió pirándose con Salomé a gastarse el tesoro público en alguna isla jamaicana donde se oculta con pasaporte americano y bajo protección británica. Este nuevo belén, imitando la realidad cruda del Belén actual, está rodeado de un alto muro de hormigón que levantaron los hebreos y a la entrada del poblado de casitas han puesto dos controles policiales con tanquetas y mucho alambre de espino. La lavandera a la orilla del riachuelo ha sido multada por contaminar unas aguas a las que, allí mismo, vierten tres colectores; y se la han llevado detenida los del Seprona galileo. Tampoco las ovejas aparecen en este paisaje porque Bruselas decretó su liquidación untando subsidio. Y, lógico, de los tres pastores que mirando al cielo aguardaban la aparición del angelote sólo queda uno que, además, es rumano y no entiende nada, meó la hoguera y está friendo sus cosas y migas en un campingás. Las casas del panadero y de aquella otra señora que hacía quesos han sido también precintadas por no cumplir la legislación de industrias alimentarias. Y los Reyes; el tripartito de Oriente, no trae pajes; llega entre servicios de seguratas y nube de cámaras y reporteros porque vendieron la exclusiva; les acompañan sus esposas y algunas concubinas en gasa fashion como huríes de televisión. Se han emputecido. Ah, y hay sponsors; la publicidad siembra todo de anuncios, vallas y luminosos. Y además se cobra un euro por verlo.

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