Diario de León

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La sangre y su relación con la vida, la muerte y la magia

En una investigación realizada en la Universidad de León se pretende ofrecer una visión global y pormenorizada de los aspectos y creencias alrededor de la sangre

En la mentalidad religiosa, la sangre ha sido uno de los símbolos con más fuerza y trascendencia

En la mentalidad religiosa, la sangre ha sido uno de los símbolos con más fuerza y trascendencia

Publicado por
T. Fernández - león
León

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La sangre ha sido uno de los símbolos con más fuerza y trascendencia en la mentalidad religiosa primitiva, cuya función ha sido fundamental en casi todas las culturas. A pesar de que la civilización actual, eminentemente racionalista y científica, ha desvelado muchos de sus secretos e hizo que perdiera buena parte de su valor religioso y sagrado, aún seguimos percibiendo un halo misterioso y atrayente, a la par que repulsivo, acerca de esta sustancia que, sin embargo, sigue igual de indesligable de nosotros, ya que corre por nuestras venas. Todavía perviven supersticiones y comportamientos, a veces inconscientes, relativos a las antiguas creencias que la sangre encerraba y que responden a ese miedo primitivo e inexplicable hacia ella. Quizás donde mejor se conserva el recuerdo de este pensamiento sea en el lenguaje que recoge expresiones tan características como «estar atado a otro por lazos de sangre», «tener la sangre pura», «hacerse mala sangre», «helársele a uno la sangre» o «tener la sangre caliente». La trascendencia de la sangre deriva de su relación con la vida y la muerte. La vida no sólo se escapa del cuerpo junto con la sangre, producto de una herida mortal, sino que también comparecía en el nacimiento y en periodos regulares en la mujer, algo que desde pronto se asoció con los secretos de la fecundidad. Desde entonces, dejó de considerarse una realidad material que forma parte del cuerpo de hombres y animales, para convertirse en un elemento que iba más allá, apuntando directamente al mundo de lo sagrado y a la divinidad. Prerrogativa divina Analizar las creencias y comportamientos humanos ante una realidad que siempre ha estado presente en la vida del ser humano, inevitablemente asociada a sus momentos más importantes como el nacimiento, la reproducción, la muerte y, antiguamente, a todo tipo de rituales que marcaban el ritmo cotidiano y los episodios decisivos de la vida humana. Este ha sido el objetivo de una investigación realizada en el Departamento de Estudios Clásicos (Área de Historia Antigua) de la Universidad de León, realizada por Tatiana García Labrador y bajo la dirección de Manuel A. Rabanal Alonso, que se ha visto plasmada en la tesis «La sangre: Los orígenes de su simbología religiosa y las interrelaciones culturales». El trabajo pretende ofrecer una visión global y pormenorizada de los aspectos y creencias alrededor de la sangre, para lo que se ha utilizado un método comparativo entre las principales culturas en torno a las que giraba el Mediterráneo antiguo: Mesopotamia, Egipto, el Levante hebreo-cananeo, Grecia y Roma. La sangre era concebida en la antigüedad como un elemento complejo. La mayoría de los pueblos establecieron distinciones de radical importancia por su color, calidad, situación respecto al cuerpo, etcétera, aunque, por lo general, sus significados atendieron al campo semántico de la vida, el alma y el espíritu, la muerte, la occisión y el asesinato, con otros valores más concretos alusivos a su condición de fluido corporal o aquellos que hacen referencia a otras realidades por asimilación, como es el caso del vino, denominado «sangre de la uva». Su relación con la vida y la muerte la convierten en sustancia sagrada que remite al mundo de lo divino, porque sólo a los dioses incumbe el derecho de otorgar ambas. Que la sangre era la vida o estaba relacionada con ella, además de ser un principio religioso deducido por la mayoría de los pueblos de la antigüedad, también fue considerado por los estudiosos que aseguraban que el alma estaba en la sangre. Por ello, transmitía el movimiento y vitalidad a todos los miembros del cuerpo, de forma que la vejez se asociaba a un deterioro sanguíneo que hacía que el ser humano fuera perdiendo energía vital hasta morir. Además, se consideraba que la fuerza generatriz de la sangre podía llegar a crear vida por sí misma, lo que explicaba las teorías médicas en torno a la reproducción, en base a estimar que el semen era sangre adulterada que una vez en el útero se reconvertía nuevamente en sangre, desarrollándose a partir de la misma el resto de tejidos del feto. En este sentido, la sucesión por vía paterna se apoyaba en creencias sobre la reproducción convirtiendo a la sangre era el elemento a través del cual se establecían los vínculos familiares. La sangre también se convirtió en protagonista de las prácticas mágicas como se recoge en muchas de las recetas de los Papiros Mágicos Griegos. Además, hacerse con la sangre de un hombre o animal, especialmente si se consumía, equivalía a conseguir para sí los atributos, cualidades o propiedades esenciales de aquellos. Impura y perniciosa En cuanto a la sangre de la mujer, al estar íntimamente relacionada con el ámbito reproductor, se creía que poseía unas cualidades extraordinarias que se superponían a los significados especiales de la sangre en general, y que la hacían tremendamente impura y perniciosa. De ahí que en los momentos en los que sangraba o cuando estaba embarazada vivía separada de la comunidad y no podía atender a las actividades a las que normalmente estaban destinadas. Por otro lado, la teoría sobre la inferioridad de la mujer se estableció a partir de una supuesta cantidad menor de sangre y de su condición húmeda, lo que determinaba que fuera más débil física y moralmente. Como resultado, se la consideró como un ser impuro por naturaleza, ya que nunca se estaba seguro de que no estuviera afectada por su sangre, y escasamente capacitada en todos los sentidos, lo que condicionó en buena medida su estatus frente al hombre e hizo que en ocasiones fuera rechazada socialmente. Además, como la sangre expulsada por la mujer, especialmente la menstrual, era estéril e inútil, sus supuestos poderes producían un efecto similar, contrario a su función original de sangre de la vida y del desarrollo, provocando la muerte, la infertilidad y, especialmente, la degeneración o corrupción de todo tipo de materias.

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