CORNADA DE LOBO
Azulones
LOS RÍOS, más que nada, son el espejo de lo que realmente somos, la instantánea que nos retrata. Los de la reserva natural de Picos de Europa son un insulto a la decencia y a la salud porque los han tenido hasta hoy de alcantarilla o colector... al agua con todo el zumo podre que excrementa un pueblo, al cauce con los desagües y vertidos, allá va el cuchu de cuadras y explotaciones, agua va, que corra hacia abajo la ponzoña... Hace once años les montaron sistemas de depuración que hasta la fecha no se han utilizado, no sea que se gasten. Los mismo ocurre en una gran parte de pueblos riberanos, cuyos pozos, balsas de decantación y otros simulacros depurativos se colmataron, quedaron obsoletos o nadie les limpiaba: cosa de cuartos disputados y pelotas rebotadas entre las tres o cuatro o quince administraciones públicas que tienen competencia, cazo o ausencia en estos cometidos. Pero si el hecho es delito en cualquier parte, en Picos de Europa es blasfemia, imbecilidad temeraria, atentado delincuente y falta de la más elemental lógica, pues de esos recursos naturales y de los turismos que estimulen se pretende vivir ahora en aquellos prodigiosos andurriales donde nada es lo que era y ya ni vacas quedan. ¿Apercibió o multó alguien a los responsables de estos enguarramientos por delito tan reiterado y adobado de la contumacia gañanona de «ahí me las den todas»?... Cuando hace quince años rodábamos una serie sobre los ríos nuestros, me pasé veinticuatro meses pisando orillas, buscando el rincón del pasmo, gozando con el privilegio fluvial leonés, palpando el milagro, pero topando con la fechoría y pescando con la mirada lo que se pesca en el chiste, botas, neumáticos, latas... o colectores camuflados entre matorral para vomitar una porquería que el ojo no ve y el corazón no siente. Me estomagó tanto lo que ví, que tardé tres años en volver al río, en reconciliarme con la caña, que es también un puntero sensible que señala lo que hay o, peor, lo que ya no hay. De todo lo que vimos y denunciaban aquellas imágenes, apenas un diez por ciento sanó de heridas e incordios tras este largo tiempo. Enfurecen estos ríos tan guarretes, aunque me conmueva viendo de nuevo empadronados en un Bernesga urbano garzas y unos cuantos azulones, curros bravos que ensayan su reconquista.