Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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¡MIRA QUE AL CABO de la vida que me traigo, el que suscribe puede considerarse suficientemente dotado y enterado para discernir sobre muchos de los graves asuntos que nos competen como ciudadanos: Unas veces por la selección de candidatos para ocupar los escaños que habrán de corresponder a los victoriosos paladines de la democracia municipal o de la corporación regional y excelentísima de la Plaza de Botines y cuando más descuidados nos encontrábamos, al cabo de esa pírrica victoria de la Cultural y Deportiva de León, vienen las señoras estupendas de las pasarelas y nos turban y perturban con lo de la masa corporal que ahora es exigible para presentar vestidos, blusas, chalecos o camisas de once varas. Por si las muchachas, todas ellas tan estupendas que anulan el juicio ahora y en la hora de nuestras elecciones para destacar a la mejor vestida y la más airosamente desnuda, en la pasarela madrileña, por ejemplo, deberá estar, dentro de la masa corporal 18 para que la Cibeles conceda a la chica el debido permiso para lucir los encantos que Dios y sus padres le concedieron. Porque una chica con menos de 18 de masa corporal, será rechazada y mandada a casa para que sus padres la rehagan o la reconstruyan de nuevo, eso sí teniendo en cuenta el juicio de la báscula. Y la situación es tremenda por cuanto decenas y aun centenas de bellísimas mujercitas que lo tienen todo en su sitio, sean rechazadas cruelmente a cuenta de la falta de masa corporal. ¿Qué debe entender el varón, nada técnico, por masa corporal? Se supone que todos aquellos atributos que por su turgencia y espléndida colocación, pueden contribuir a exacerbar los instintos humanos de los varones y la envidia de las damas de la catequesis. Porque es que las chicas modernas tiraban a delgadas de manear tan exagerada que algunas de las chicas más monas acababan muriéndose y no aceptaban ni en plan de rechifla que se dijera a la bella del lugar que el galán estaba «por sus huesos», porque efectivamente no parecía sino que la muchacha no disponía en su estructuración de otro material que los huesos. Y las señoras gordas desfallecían de envidia y los varones acosaban a las bellas de la pasarela, para que comieran y bebieran para equilibrar la población, porque el dar hijos para el cielo y para el trabajo exige masas corporales que acrediten hembras y varones bien dotados de todo lo que hay que tener. El problema parece baladí, pero la verdad es que ha suscitado mucha mayor preocupación que la guerra de Afganistán y las autoridades no han tenido más remedio que dictar severas medidas para evitar que las chicas bellas, bellísimas, languidezcan y se vean al final rechazadas por los graves señores con franquicia y con cartera, los cuales acaban emparejando con la vecina metida en carnes. ¿Y no será esto de «señora metida en carnes la traducción correcta de la exigencia de masa corporal en la mujer del futuro? Como si el varón no tuviera bastante con las elecciones, la vivienda y la subida de todas las tarifas, viene ahora el Gobierno y se sale con lo de la masa corporal...

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