Diario de León

Cosas de aquí | Retablo leonés

Paseo por la memoria marista

Un recorrido por la historia nos lleva a mediados del siglo pasado en un León austero y sombrío, y a un rincón, el colegio San José, que hoy celebra la festividad de su patrón

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Enrique Alonso Pérez - león
León

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Hoy, mi retablo responde a los sugerentes cohetes y petardos que desde mi ventana percibo en el patio del colegio San José de los Hermanos Maristas. Fue mi colegio, y para bien o para mal, mi formación está teñida por los contenidos pedagógicos que sufrían el filtro de los años cuarenta y cincuenta, dentro del contexto de una España todavía revuelta, que nosotros percibíamos a través de los miedos y silencios de nuestros padres, quienes nunca llegaron a saber con certeza si de verdad hubo buenos y malos en la contienda que les había sobrecogido unos años antes. Y no me extraña, pues aún hoy, setenta años después, la llamada «Memoria Histórica», ha vuelto a poner de relieve, que los nietos de aquellos contendientes siguen enzarzados y divididos en sostener las tesis que un día se resolvieron a tortazos imponiéndose la ley del más fuerte. Pero politiqueos aparte, porque nunca ha sido nuestra intención revivir fantasmas, volvemos a retomar los recuerdos amables que un día fueron el eje de una educación, que resultó más que válida a juzgar por los resultados obtenidos en las promociones que en aquella época salían del San José. Como colegio religioso «arrimaba el ascua a su sardina», igual que se viene haciendo ahora, con ligeras variantes que permitan asegurar la matrícula y la consideración de colegios concertados. Pero aquellos profesores, hermanados por una institución religiosa, que tuvieron que acatar la disciplina impuesta por los vencedores, ya que la propia Iglesia había estado entre ellos, nunca nos dejaron traslucir ningún tipo de proselitismo a la hora de orientar nuestros pasos. La asepsia política era norma -solamente alterada por los profesores de Formación del Espíritu Nacional y Educación Física, ambos del Movimiento-, mientras que el Catecismo y la Historia Sagrada junto a las Reglas de Urbanidad formaban una importantísima trilogía, sin olvidar a Pitágoras y a Cervantes, que competían en el ránking de asignaturas con la Geografía y la Historia. Nuestra sana ingenuidad, y la enorme valoración que en la época se hacía de los profesores, por el mero hecho de serlo, hacía de nosotros unos rendidos admiradores que nunca hubiésemos cuestionado sus enseñanzas, sus opiniones, sus consejos, ni sus regañinas, pues todo aquel conjunto lo considerábamos como si de un dogma se tratase, y los dogmas eran incuestionables. El colegio vibraba con nosotros, y nosotros con él, y nos sentíamos realizados si nuestras puntuaciones nos hacían aparecer en el Cuadro de Honor que se exhibía en el vestíbulo, aunque para ello teníamos que lograr «vencer» a compañeros destacados, pues la pedagogía descansaba en la competitividad directa, hoy desterrada. Fuimos felices con el trato afable del hermano Primitivo; con la severidad del hermano Pablo -a quien a escondidas apodábamos La Pava -; con el hermano Gabriel -para nosotros El Dumbo -; el hermano Clemente, el Belarmino... todos ellos dejaron en nosotros la huella de muchos años de colegio, de muchas anécdotas vividas en auténtica y sana alegría... en fin, que recordando al poeta, tenemos que decir: «Como a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor». Hoy, revivimos aquellas fiestas de San José con algunos de los compañeros que cerramos un ciclo de estudios en que todavía se cursaba séptimo de bachiller, allá por el 1953, que seguimos nuestros encuentros en el feudo hostelero del amigo y compañero Jaime Quindós, en la amena compañía de notorios condiscípulos como Lanza; Ardura; José Elías; Ramonín; Pepe López; Raúl Álvarez, Toño Carreño; Amunátegui; Domingo; Carlos Casado, y un amplio etcétera de quienes están presentes de corazón, aunque sus trabajos y familia les llevaron lejos del núcleo leonés. Y como los años no perdonan, algunos ya sólo están en el recuerdo cariñoso con que evocamos su partida: Pepe Alija; Raúl Suárez; Peñacoba, Balmori; Humberto... seguirán coreando desde las Alturas, aquello de: «San José, en tu recinto sagrado/ he venido a buscar con ardor/ lo que siempre ha anhelado mi alma/ una Fe, una Patria y un Dios...»/. El himno del Colegio, que definía en sus estrofas la intención que imperaba en la época y las connotaciones patrióticas y religiosas que trataban de marcar un rumbo que evitase las aventuras y enfrentamientos del reciente pasado.

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