Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Centro Nacional de Denuncias

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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PIENSO que se debiera haber pensado un poco más lo de aplicar nombre o título a una de las acciones gubernamentales más importantes y más sensibles de nuestra hora política: Centro Nacional de Denuncias. Me parece poco ético determinar por anticipado que la organización encargada de mantener el orden, la disciplina y todo lo que hay que tener cuando se conduce un vehículo de tracción mecánica. Se hubiera preferido suprimir del título el término denuncia, que inevitablemente apareja una serie de actividades poco honorables. El denunciante ha sido siempre en la España en marcha, un individuo o un organismo dedicado a denunciar los errores de un ser humano y a la aplicación del consiguiente castigo. Un oficio el de acusica, denunciador, chivato, francamente desagradable. Y yo no digo, ni mucho menos, que el título que se ha buscado y encontrado para designar el mecanismo legal para corregir los errores de todo conductor de un mecanismo mortífero, como es el automóvil, sea o pueda aplicársele el mote de soplón, por ejemplo, sino que, ya lo dije, inevitablemente el nombre acarrea unas connotaciones poco nobles. Un denunciante este cualquiera autoridad que se pronuncie acusando al prójimo no deja de ser un oficiante de la delación y un delator, por muy temprano que se levante y por muchos apoyos y padrinos que le cubran. No deja de ser un acto cristianamente deplorable y políticamente perverso. Es posible, es seguro que a la hora de establecer el nombre o el título que le correspondía aplicar a la novísima invención gubernativa, para ver de aplacar la furia homicida de los conductores, no haya sido el correcto, y que más bien obliga a recordar la existencia en la sociedad de una cierta especie humana, dedicada exclusivamente a la profesión de denunciante. Y un gobierno, un rector público no debiera perder los papeles del buen decir y mejor entender a la hora de establecer nombres, apelativos y funciones. Y no es que el instrumento puesto en marcha provoque la moral del vecino sino que, repetimos, el nombre ligeramente elegido trae aparejado, inevitablemente el nombre, la acción, de una cierta forma de comportamiento social que roza con el insulto, con la anotación penal. Ningún un hombre que se precie debe de confiar en todo título que ampare una acción coercitora pública, poniendo un apelativo difícilmente admisible, ni una organización pública debe desplegar su vocabulario aplicando en él términos que puedan sugerir motivos retorcidos a la sociedad a la que sirve. Bien está si es que está bien, lo de Centro Nacional de Denuncias, pero ¿no sobra lo de denuncia, que no deja de ser una indicación más bien amoral, de una torpe acción humana ante el error de otros seres, quizá efectivamente perfectamente encajados en el término de denunciadotes, causitas y soplones? Inculpar, cargar el muerto, soplonear, delatar, incriminar son palabras que están entre los sinónimos que deben ser recurridos y analizados para su aplicación correcta, cristiana, demócrata y electoral.

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