Diario de León

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«No soy el hombre que os han presentado» Casualidad o providencia

David Álvarez recibe el homenaje del Colegio Peñacorada por su 80 cumpleaños haciendo un ejercicio de humildad y una defensa de la fe y el esfuerzo como únicos secretos para triunfar

Emilio Gutiérrez y Mario Amilivia imponen la beca a David Álvarez

Emilio Gutiérrez y Mario Amilivia imponen la beca a David Álvarez

María Jesús Muñiz Prieto
León

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«Sé que queréis hacerme llorar, pero no vais a poder. No lloré ni cuando murió mi madre, porque tenía fe». David Álvarez recibió ayer, de la mano de varios actos organizados por el Colegio Peñacorada, del que es patrono, el homenaje de toda la provincia. Recibió el aplauso de las autoridades, de los empresarios, de la sociedad local y también de muchos de los alumnos que están a punto de formar parte de las primeras promociones que saldrán formadas del colegio del que fue impulsor decidido. El empresario agradeció el homenaje, que tuvo como disculpa sus 80 primeros años, y glosó la fe y el esfuerzo como únicas fórmulas del éxito. «Con los años se dicen cosas que a los demás les da pudor. Yo he perdido el pudor», comentó para defender sus alusiones una otra vez a esa fe de la que siempre ha hecho gala, y que le ha servido de apoyo en todo momento. También un deseo: «Espero que al final de la jornada el premio me lo den por bueno». David Álvarez estuvo ayer acompañado, durante los actos celebrados a primera hora de la tarde, por el alcalde de León, Mario Amilivia; el presidente de la Diputación, Javier García-Prieto; el delegado de la Junta, Eduardo Fernández; el rector de la Universidad de León, Ángel Penas,el director provincial de Educación, Emilio Gutiérrez, entre una amplia representación del mundo social y empresarial leonés. Para agradecer la beca de honor del colegio, el empresario de Crémenes empezó haciendo ejercicio de humildad: «Me habéis puesto tan alto (dijo a quienes le habían precedido en la palabra) que me habéis hecho imposible a los demás. No es bueno». Palabras para los alumnos El homenajeado dirigió la mayor parte de sus palabras a los alumnos de segundo ciclo que llenaban el salón de actos. «No soy el hombre que os han presentado, soy un hombre tan pecador como vosotros, con tanta fe como vosotros. Y quizá ese es el secreto que me gustaría comunicaros, la fe. Es el único que tengo». Álvarez rió con los alumnos recordando su infancia: «Antes yo fui como vosotros, tuve una madre, unos padres, fue tan travieso como vosotros, también desobedecía y a veces no estudiaba tan bien como debiera». «Pero, insistió en su mensaje, como tengo fe sé apoyar mis ideas con el esfuerzo de cada día, sé agotarme en el camino de la consecución de mis ideas, sé no dormir para llegar al final». Y recordó, por último, el consejo que le dio su madre: «Me dijo que lo esperase todo de lo que yo diese, no de lo que me diesen los demás». No habló Álvarez de sus empresas, sino de su camino, y confió en que Dios le diese «el aliento suficiente para entrevistar personalmente a la primera promoción de hombres y mujeres del Peñacorada. Quiero saber si salen de aquí como yo soñé un día, asomado a un puente sobre el río Dueñas, donde vi desfilar en cada gota a todos estos hombres y mujeres». El homenaje comenzó con las palabras de Luis Cillero, director del Colegio Peñacorada, que defendió los actos porque en su opinión Álvarez es de las personas «tocadas por la gracia de Dios que juegan un papel en la historia que nunca se reconoce en su justo momento». Ante el empresario, defendió la filosofía del centro de formación como un lugar donde formar líderes empresariales y sociales para la provincia, pero «con una formación espiritual en un sentido grande. No ñoño ni beato, como se nos ha querido tachar a veces, sino trascendente». El acto de imposición de la beca estuvo precedido por las palabras de dos alumnos, David Orellana y Blanca Díaz, en castellano y en inglés; y por un breve concierto de Inés Galán, que en honor al tiempo pasado por David Álvarez en el País Vasco entonó Aurtxoa Seaskan y Maitchu mía. La beca le fue impuesta por Mario Amilivia y Emilio Gutiérrez. En la entrada del colegio el empresario descubrió una placa de homenaje en compañía de otro de los alumnos, Álvaro Corral, también natural de Crémenes. «Esto se le pone a la gente después de muerta, cuando ya no puede protestar», bromeó el homenajeado, que reivindicó que en el mismo lugar se colocaran placas de los profesores, los padres, los servidores o los alumnos. «Todos los que hacen que este colegio funcione día a día». La jornada concluyó para un emocionado David Álvarez con una cena en San Marcos, que compartió con los padres del colegio que nació de un empeño suyo. Una de las sorpresas que se había preparado ayer para David Álvarez fue hacerle entrega de una bendición del Papa Benedicto XVI, que le entregó el capellán del colegio, José Riesco. Los asistentes al acto bromearon sobre el hecho de que la bendición estuviera firmada el pasado 16 de marzo, el mismo día en que el empresario leonés cumplió los 80 años. «Unos dirán que es fruto de la casualidad, otos que es cuestión de la Providencia¿», bromeó Luis Cillero.

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