Diario de León
Pedro García Trapiello

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EL INFIERNO existe, confirmó el Papa. Vaya que sí, dijeron unos iraquíes estrapallados. Del cielo nadie duda porque, si no existiera, iríamos arreglados. Después nos queda el purgatorio, con sus ánimas a media llama, a fuego lento durante una temporadita que podía ser de siglos, aunque para paliarlo había siempre a mano un pilón de oraciones, jaculatorias, romerías o novenas que proporcionaban mil doscientos días de indulgencia, trescientos o tres mil y pico, pero siempre con una precisión contable en días y decimales que se consignaba a pie del texto bendito, todo ello acumulable y automático, porque se supone que presentando en ventanilla purgatoria la cartilla indulgente con los puntos coleccionados se condona pena y conceden algún grado penitenciario de exención o reducción de castigo. Existieron de siempre cofradías de ánimas del purgatorio y venían a ser como los bancos que negociaban estos alivios. El purgatorio, en fin, es como una iteuve con taller donde se retiene al alma abollada para drenarla los bajos embarrados antes de permitirla circular por las carreteras celestiales. Y, finalmente, está el limbo, que es como una vaguedad flotante donde ni se goza ni padece y que tenía dos pabellones: el de niños, al que iban los que morían sin bautizarse y sólo con el pecado original; y el limbo de los justos, al que endosaron a todos los venerables, ungidos y profetas que hubo antes de la Redención, o sea, una montañona de gentes buenas, la mitad del antiguo testamento, como mínimo y otros tantos atropados de santorales ajenos; vaya tropa tan ingente. Pero ahora la doctrina dice que no existe el Limbo porque Dios no podría condenar al bueno o al inocente a ser nada, así que se ha decretado el cierre de instalaciones. En las oficinas celestiales habrá, supongo, algún follón; ¿cómo recolocar a toda esa gente?, porque si las ataron al Limbo aquí en la tierra, al Cielo no le quedó otra alternativa que montar esta entelequia y atarlas allí. Hoy, por lo mismo, han de soltarlas y al fin Abraham, Jeremías o Noé se codearán con san Pedro o santa Brígida. ¿Y quién les reparará esta retención ilegal, la pérdida de quinquenios y honores?, ¿se constituirán en comité sindical para exigir efectos retroactivos?, ¿exigirán daños y perjuicios o se resignarán?...

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