La bronquitis marca el perfil
En su experiencia con asmáticos, Varas dibuja un perfil de «más mujeres que hombres, con una edad media de 40 a 55 años». A ello se añade «algún bebé con bronquiolitis», una infección con inflamación de los bronquiolos que afecta sobre todo a lactantes, a quienes se aplican «técnicas pasivas de fisioterapia respiratoria para ayudar a que eliminen las flemas». En el caso de los adultos con asma, la eficacia del tratamiento se determina con «una valoración inicial y otra final para comprobar la mejora objetiva del paciente», en las que se miden los cambios en su patrón respiratorio y se le hace un test de esfuerzo para ver si camina más distancia en el mismo tiempo sin llegar a fatigarse. En cuanto al tratamiento médico en sí, los especialistas abogan por un abordaje conjunto del asma y la rinitis alérgica. Primero, por la aparición simultánea de la segunda en un 80% de pacientes asmáticos; en ambos casos se produce una inflamación en una vía respiratoria única. Y también porque la falta de control de la rinitis puede empeorar el pronóstico del asma y contribuir a aumentar las crisis.