El camerunés siguió el partido que enfrentó a Camerum contra el Paris Saint Germain desde las gradas de la Ciudad Deportiva de Puente Castro, acompañado del presidente de la Cultural y Deportiva Leonesa, Domingo Cueto.
La humanidad de Samuel Eto'o brilló por encima de su calidad como futbolista durante la jornada en la que se acercó a sus chicos de Camerún, a los que apadrina, para que tengan una vida mejor a la que él tuvo en su niñez. Se reunió con ellos en el vestuario. No quiso desvelar lo que les manifestó, «porque hay que respetar el código del vestuario».
Eto´o fue muy amable con los centenares de jóvenes que se acercaron a conocerle en persona. El astro no decepcionó a nadie y firmó numerosos autógrafos.
Un grupo de compatriotas del jugador no quisieron dejar pasar la oportunidad de retratarse con él. Aguantó besos y achuchones.
Cientos de aficionados acuden al acto organizado por el Diario de León, en la imagen el director Fernando Aller, y Pisorama en el Palacio de los Guzmánes, en el que el jugador respondió a todas las preguntas que los niños le realizadon previamente a través de www.diariodeleon.es.
Un murmullo infantil alerta de su presencia, un ¡ohh! contenido y asombrado. Avanza el príncipe del fútbol por el Palacio de los Guzmanes pantalón vaquero, jersey azul, deportivas blancas, cinturón a la moda y amplia sonrisa. Saluda a los niños y, como no, a las autoridades. En la imagen, recoge uno de los numeros regalos que le brindaron, en esta ocasión de manos del hasta ahora presidente de la Diputación de León, Javier García Prieto.
El camerunés, muy educado, agradece la invitación hecha por Diario de León al director y al gerente del rotativo. Por su parte, el medio es quién le agradece al jugador su participación.
Con lis más pequeños el jugador se mostró muy cariñoso, contestó a sus preguntas, algunas de ellas bastante personales. El público, que estaba ya rendido ante la madurez del futbolista, entró en éxtasis cuando se puso a hablar de León. «Volveré», comenzó diciendo. Y tuvo que parar porque la ovación fue atronadora. «Volveré de vacaciones, no diré cuándo, pero volveré. Me gustaría hacerlo con mi familia, con más tiempo y para descansar. He visto un castillo en el que me han alojado que es espectacular (por el Hostal de San Marcos). Nunca había dormido en un castillo».
Eto'o, en la imagen junto a García Prieto, se conmovió cuando habla de su infancia sin nada en Camerún o de los africanos que vienen en pateras. «Una vida no tiene precio, por eso quien la arriesga es porque ya no tiene nada que perder». Y señalando al presidente de la Diputación: «Nosotros no podemos hacer nada porque tenemos voluntad pero no poder. Los políticos tienen el poder y son los que tienen que hacerlo». Silencio profundo en el patio.
No dice nada de su fundación pero Eto'o, en la foto junto al presidente de la Cultural, Domingo Cueto, podía estar tomando caipiriñas en lugar de viajar de un lugar para otro en busca de financiación para ayudar a 4.000 niños en Camerún, a los que paga sus estudios, les enseña fútbol y da dinero a sus padres para que no les obliguen a trabajar y puedan seguir en la escuela. Por eso, el aplauso cerrado cuando al recoger el cheque que le entregó la empresa promotora leonesa Pisorama, Eto'o se llevó la mano al corazón.
Sorprende este Eto'o jovencísimo al natural, delgado, fibroso, sin rastro de la fiereza que adquiere en el campo. Un chaval, como los que él apoya. Saluda a los políticos, a los patrocinadores, a los organizadores y, sobre todo, saluda a los niños. Acaricia sus cabezas, les cuenta algo al oído. Un poco tímido. Como un gran chaval. Eto'o llega... y comienza el espectáculo.
Como visita ilustre que es, Eto'o firmó en el libro de honor de la institución provincial.
Uno de los regalos que más impresionó al futbolista fue el de la réplica del gallo de San Isidoro, entregado por Javier García Prieto.
Con la misma sonrisa, con su exquisita educación, casi en volandas, el príncipe del fútbol abandonó el palacio en el que reinó durante casi una hora. Se fue a comer en el mismo «castillo» en el que durmió.