CORNADA DE LOBO
A quemar
FRESQUÍVIRIS de relente montañón es lo propio en la noche del aserrín y de los maderos de san Juan, esta de hoy, la noche del año que más se carga de buenos sortilegios. Los otros solsticios no son tan optimistas ni tan divertidos. Entró el sol del verano, pero es la luna quien se lleva la fiesta de esta jornada y es la oscuridad quien protege los deseos, o sea, las ganas de arrimarse al fuego que quema y a la carne que arde, el chillidito nervioso de la moza doncellona que salta por primera vez la hoguera, la algarabía de los guajes que no se privan de la chamusquina y de entiznarse... Se hacen conjuros para esta noche, se venden recetas mágicas, hay canciones votivas, se corta la flor del saúco y sus hojas para hacerle ensalmos al catarro que venga, se deja dormir en el alféizar de la ventana una palangana con agua que será bendecida por el rocío para que se vuelva guapa de cutis la moza que haga abluciones con ella, se echa la clara de un huevo en una jarra y a la mañana siguiente se convertirá en un velero blanco y fantasmal que llevará de singladura a nuestros sueños y deseos, se palpan las praderas buscando el trébole, ay el trébole que nunca tiene cuatro hojas... y se van las paisanas que quieren empreñarse y no lo logran hasta la orilla del mar, desnudo el vientre, para que batan contra él nueve olas seguidas... y los hay que peregrinan por nueve fuentes distintas para recoger y juntar las aguas de todas ellas esperando que purifique las entrañas y riegue de salud nuestras melancolías orgánicas... ah, y las pollitas de teta lisa se levantarán en secreto por la noche, se asomarán desvestidas a la ventana y buscarán en el cielo el final de sus males, pues se sabe que a la mujer que se queda mirando desnuda a la luna le crecen los pechos. Bueno, pues esto es mentira, literatura de una cultura rural que sólo existe, ya muerta, en libros muertos. La magia sanjuanera es para tres nostálgicos y para esas amigas de hacer hogueritas en pebeteros de sobremesa quemando en cada cual una carta de desdén, una letra bancaria, un calendario de bolsillo o las pastillas de abuela que anda endrogada con tanto prozac. En san Juan arde, más que nada, la mamadura con garrafa o queroxeno, la ciudad sin cielo, la disco con decibelio explosivo, la gasofa en el castañazo, el verbenón subvencionado... y las ganas.