CORNADA DE LOBO
Una lagrimina
ME PIDE Juanín -que anda en monográfico de aniversario del valle arrasado- una lagrimina para Riaño tras la retahíla que he soltado esta semana no sin ciertas pesadumbres y raspones. Y le diré a Juanín que también en ese embalse-sepultura hay añadida y anegada una lágrima mía... y otra que llevé en recado. Es todo aquello un paisaje que se entrañó en mi vida; muchos años de frecuencias riañesas; estancias de júbilo natural; a pescar, muchas veces; y a trepar, a caminar, a ver y aprender; a preguntar y a escribir... Llevo treinta y tantos años escribiendo (hasta aburrir) de Riaño, de sus últimas vidas y de su muerte, de peripecias, acampadas y pajares, de los corros en aquella catedral de los aluches hecha de poste, tablón y talanquera en praderona de soto, de ganados, cazas, de ferias y procesiones... Me chifló el sitio, me cautivó, me apabulla todavía, me rindo a la envergadura de esas montañonas y ante la vida que allí late. Qué fauna. Qué flora. De aquí es mi primer avistamiento de un rebeco o de un oso (creo que era un oso, lo vi de lejos). Y conocí los pozos esmeralda sobre lecho de roca madre en los recodos del Yuso en Pedrosa, la pedrerona virgen que cada invierno trastocaba y ordenaba la torrentera... madrugones y serenos en Bachende, Las Salas o Acevedo... fueron décadas enhebradas a las orillas del Esla o de su hermano que busca San Glorio. Después, atrancado el dique y atragantado de agua hasta el colmo todo el valle, ya nada fue lo mismo, ni si quiera el río... ni la pesca, maldita sea. En ese paisaje que hicimos nuestro se grapan nombres, momentos subrayados, risas y algún quebranto, nombres que ahora me llaman a emoción... ahogada (la que mejor pesca). Si no se me hubieran secado las lágrimas, ahora sería el momento de llorar. Riaño de veranos luminosos e inviernos crudos de estofado en el Pajín o el Orejas (echaremos un mus, que esto no escampa). Y no escampaba: en el 74 el cine de la villa se abarrotó, vino el gobernador, le aplaudieron todos. Me olió a que habían vendido el pueblo. Así fue. Cuestión de mayorías. Se acató lo que se daba. Y se pagó, pero no se cerró el dique, hubo lotería, así que prolongamos trece años más el gozo de aquellos pueblos, valles y sueños... y de esta forma fueron aún más los amores y nombres que tuvimos que enterrar en la pantanada... Habrá que llorar.