CRÉMER CONTRA CRÉMER
Con la pluma en la mano votando quedó¿
MÁS BIEN CABRÍA volver a la letra original y donde dice la copla actual «llorando quedó», debe decir «votando quedó». Porque efectivamente, tal como anticipaban los gansos del Capitolio, aquellos que se las prometían de pegada y que hacían cálculos para pagar el piso del chico, empuñaron la pluma de las rectificaciones y regresaron a sus cuarteles, eso sí, algunos bastante consolados con una plaza en la santa oposición, para volver a empezar, hasta ver si con el tiempo y una caña, se consigue pescar en río revuelto, algo más que un escaso humilde y errante escaño para los cuatro años venideros. Porque aquí no vale disimular. Ni aquí ni allí ni en ninguna parte: el que perdió los papeles y el puesto que pretendía tener más conquistado que el castillo del Temple, se quedó de piedra cuando el vecino, en vez de llamar a su puerta para felicitarle, le alteró el sosiego anunciándole que había perdido exactamente y quedaba por tanto sometido a repetir curso. Familias hubo en esta santa novena de las elecciones de Paco Fernández, que se pasaron la noche llorando y haciendo consideraciones analíticas sobre quién o quienes fueron los causantes de una derrota inesperada. Porque en las elecciones como en el reparto del cotino de San Antonio Abad todos salen ganando, teniendo en cuenta de que menos es nada y a veces menos que nada es caer en las filas de la santa oposición, para la que no estábamos llamados. En cambio, la otra parte contratante de la parte, así que le aseguraron plaza y mantel, corrieron a pagar el retraso del alquiler de su choza y aquella noche cenaron todos arroz con pollo... Que si es la vida Federica, que otros vendrán que bueno o malo te harán y han sonado, por todas las campanas parroquiales a difunto. Dentro de un año más o menos, se procederá a convocar las generales, o sea las elecciones para quedarse con los más y los mejores y algunos aseguran que esta cita electoral para los municipios y las autonomías no fueron más que un anticipo y que de acuerdo con la costumbre y el correspondiente Ministerio de la Gobernación, los vencedores en esta contienda, serán los que se saldrán con la suya, que es la de todos de la próxima cita. Y el que se duerma, al modo del camarón le llevará la corriente. Ha llegado, pues, el tiempo de la templanza, de las consolaciones y de los plácemes envenenados. Y dado que doña María Cristina nos quiere gobernar y que ha conseguido desplazar de los puestos clave a sus antagonistas, lo que venga será, salvo algún reparo, lo mismo que lo que hemos dejado, porque hay costumbres, manías, malformaciones que no se arreglan de la noche a la mañana. Y esta que viene, o sea las generales, necesitarán para hacerse gratas al electorado; que se mejoren los sistemas de atracción o de seducción, para evitar que por inercia vuelvan a formarse grupos de benéficos inútiles dispuestos a perder. Porque que se hunda un concejal o muchos concejales no importa demasiado, pero que en las que se avecinan para elegir a los grandes mariscales se falle en la selección, es para encomendarse a Dios y cerrar las ventanas.