Diario de León

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ME ALARMA, seguramente sin razón, un curioso detalle relacionado con el pan de molde. Más adelante diré cual. Ahora, el precedente: el pan, no la cocacola, es lo más universal que existe; lo hubo desde el amanecer de la historia; toda cultura tiene su pan o su torta, que es un pan como un hostión. León, por ejemplo, creció a fuerza de pan, berzas y unto de ovejo. Hoy, sin embargo, se come cada vez menos pan (Mariló dice que engorda). El pan ya no vale ni para grito de sindicato; lo apearon de las pancartas porque ya se nos pasó el hambre canina, el subdesarrollo aquel de prietas las filas, recias, marciales. Las nuevas generaciones pasan del pan que no sea de hamburguesa, que es como esponja de espuma. El índice de desarrollo se mide en el consumo de leche y carne; el del subdesarrollo, en el de pan y legumbres. Un país garbancero o es un ruina o acaba de conquistador... a fuerza de pan y de privarse. Pero el pan es sinónimo de bueno. Qué hambre tuvo que pasar esta tierra para acuñar como el piropo más sublime y popular lo de estás «más buena que el pan» o estás «de toma pan y moja»; y así... empanizados estábamos, empanados seguimos y emparedados acabaremos. Y mira que hay panes para dar y tomar. Todo distintos. Cada cual, de su padre (o de su puta madre, como dice un abuelo del Ejido que agradece el corrusco del pan de la tapita que le dan gratis con aquello de «¿libra Dios al trigo del pedrisco y no lo libra de las manos de un mal panadero?». Pan en cestos, como en el sermón. Pan de hogaza, barras, chuscos, fabiolas, bregaos, de candeal, de centeno, de escanda, de cebada para el perro, pan de a zoquete por barba... pan de recogerse del suelo con un beso cuando allí se cae. Pero a lo que vamos: la moda ahora es el pan de molde ¡sin corteza!... ¿Qué corteza; eso morenillo que no es dureza ni el diente lo nota?... Pero a la nena le molestaba. Exige que todo sea miga, un fácil engullir, ni tropezón, comida blandurria, el mínimo esfuerzo... Adiós al binomio corteza-miga, duro-tierno, moreno-blanco. Se acabó. Ahora, al igual que en la vida, todo ha de ser miga porque sabemos que, si puedes pagar, la realidad se puede comprar sin corteza, sin espinas, sin pelleja, sin, sin, sin... El día que venga «con» aprenderé de nuevo a creer.

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