Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Oposición amable

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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EL YA EX alcalde de la Ciudad de León y sus islas, en el discurso de despedida de su sillón y de su mando municipal, y el reintegro en la fase política de la Santa Oposición, anuncia, se supone que con lágrimas en los ojos y dolor de corazón, que su trabajo en el nuevo puesto que se le ha asignado será lo que muy bien cabría de calificar como «una oposición amable». Y, hemos de confesarlo en honor a la verdad, la noticia nos llena de inmensa ternura. No es nada de lo de un dimitido por legal decisión de las urnas, entregado a esa misión de caridad que es la amabilidad y la buena conducta. El que tiene el honor de escribir para ustedes confiesa que no cree en nada la caritativa y piadosa disposición de ex alcalde dedicados a tejer todo un rosario de actuaciones amables, en respuesta sin duda a alguna de las incursiones retóricas a las cuales se van obligados los menos amables de los alcaldes desplazados a la Santa Oposición. Porque los intereses de una Ciudad no se defienden con oraciones al pie de los altares, sino precisamente con discursos en los cuales se encierra todo el mal café que acumule el dimitido por la fuerza electoral. Es como si se nos hablara de la guerra del Irak en sus posibles aspectos de amabilidad general y de serenidad de juicio ante las tropelías que pudiera cometer el un día rival. Las oposiciones como las peleas de conquista son todas luchas por la ocupación del territorio que domina un rival, al que hay que desplazar, si se quiere imponer el propio sello personal y el signo partidista del bando desplazado del poder. Una cosa es la amabilidad y otra la cortesía de los paladines en plan guerrero: Se puede ser cortés, gentil y hasta generoso, pero cada uno de los bandos tira a matar. Y si concede plazos para la colaboración, no es por amor, ni siquiera por estimación, sino porque conviene retener un plazo de tiempo y de energías para rearmarse y encontrar el punto flaco del enemigo para conseguir meterle la estocada hasta la empuñadura. Y una vez conseguida la derrota del enemigo, se pasa a la condición de Mariscal de Campo. Y el que manda es él, y también es el que tiene que someterse a los asaltos del rival, que no serán nunca «amables», ni mucho menos. De modo y manera que la función de la santa oposición deberá atenerse a las reglas de la Caballería y dejar las lisonjas y las declaraciones florales para los poetas y las muchachas románticas. El Ayuntamiento de León, que es donde se está jugando la guerra de los seis días, no exige amabilidades sino eficacias, pugnas creadoras y sinceridades sin límites. No está la municipalidad para cortesía ni para gentilezas de caballeros de lanzón y juramentos de amor. La panorámica de necesidades es extensa y tan varia y urgente que todo el tiempo que los unos y los otros pierdan en bizarría amables, con detrimento de la atención a compromisos inaplazables es ganas de perder un tiempo preciso. Y no se cree que la nueva Corporación acepte lo de funcionar amablemente cuando el pueblo está que echa bromuro por la subida de la tarifas de la luz, de la vivienda etc.

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