Diario de León
Pedro García Trapiello

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NO SABÍA yo que un jilguero y un canario pudieran hablar (y seguramente entenderse). Sí sabemos que pueden menear juntos las ganas y cruzarse, meneo del que sale un híbrido cantarín, chulo y pelma como él solo. El caso es que me regalaron una vez un canario de un experto criador que falleció y, como los deudos se creyeron también en deuda, se vino uno de sus campeones líricos a vivir conmigo. Seis años largos alegró mi cocina como si fuera una de aquellas peluquerías sevillanas con jaula, cháchara y barbero con bandurria. Era un canario de cantárida dilatada y virtuosa. Hace cinco días declinó, viejín seguramente. O melancólico, quizá, porque ocurrió que hace poco se vino a vivir también un jilguero, cuyos dos primeros días en casa extraña fueron como de recluta ahuevado y trasladado de noche a cuartel nuevo. Al tercer día, sin embargo, comenzó el pajarín a echarse duelos con el canario a quien no alcanzaba a ver aun estando a dos cuartas. Pero tuvieron largos debates, despepitados y barrocos parlamentos como si fueran contendientes versolaris. Desde hace mes y medio, el canario fue remitiendo en sus entusiasmos hasta prácticamente enmudecer. Supuse que se debía, como es norma, a su ciclo de muda de pluma. El jilguero siguió en su soliloquio cantarín, pero el canario eludía ahora el duelo. Al atardecer la víspera de morir (de noche es cuando mejor roba la muerte) me echó una mirada de gran tristura que sólo entendí al día siguiente (es cierto que los animales que viven con nosotros ensayan una despedida que no captamos; me pasó otro tanto con Silván, un perro de ley). Lo que me intriga es que tras su muerte el jilguero sólo anda en monosílabos espaciados, nada de peroratas trinadas; un piopío y nada más. ¿Sabrá lo del canario? ¿Hablarían entre ellos de sus cuitas? ¿Le dijo quizá el canario que presentía su muerte? ¿Qué guarda el jilguero en sus silencios? o... ¿fue lo suyo un amor tan cercano como imposible y el nás débil sucumbió?... A la terraza donde predicaba el sus trinos llega de vez en cuando algún otro jilguero a curiosear, pero no suelta prenda y persiste en su silencio... o luto. Le hablan de lejos algún verdecino, un herrerillo o una carbonera... y tampoco. me tiene intrigado este jilguero. ¿Que rrá decir algo sin decir nada?...

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