Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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«El no dar parte de lo que se tiene es ya rapiña. Hay un testimonio de las Escrituras Divinas que llama rapiña, avaricia y defraudación no sólo arrebatar lo ajeno sino también no dar parte de lo propio a los demás « (S. Juan Crisóstomo). Lo que les interesaba a los hombres de la época del profeta Amós -¡tan lejana!- es lo mismo que les interesa a los hombres, o mejor, nos interesa a los hombres de hoy: el dinero. Y se comprende, porque el dinero es la suma y compendio de todo cuanto el hombre apetece en el mundo. El dinero es el poder, el influjo social, el confort, la belleza, el refinamiento, el placer. El que tiene dinero, y en la medida y cuantía en que lo tiene, impone su fuerza y señala las reglas de juego. El que tiene dinero dicta condiciones y los demás no tienen más remedio que, en la mayoría de los casos, aceptarlas deseando, en el fondo de sus corazones, que cambie todo. El dinero es, por eso, el gran rival de Dios. Nos han dicho muchas veces que es imposible servir a los dos al mismo tiempo. Y en muchas ocasiones, en caso de elegir, nos hemos quedado con el primero. No hay más que mirar a nuestro alrededor: se apetece el triunfo del dinero por el dinero. Priva la especulación, la ganancia sin límites. La palabra mágica es rentabilidad. La finalidad de la mayor parte de los hombres es tener dinero, así, simple y llanamente. Envidiamos al que lo tiene y admiramos al que ha sabido amasarlo. Cualquiera se cambiaría por un financiero aunque, desde enfrente, lo critiquemos. No hay duda, el gran rival de Dios es el dinero. Por eso la piedra de toque del cristiano es el dinero. En la elección entre estas dos fuerzas gigantescas, de signo y contenido distinto, se libran grandes batallas en el corazón del hombre. La medida de nuestro cristianismo puede estar mucho en la medida en que no deseemos ni persigamos el dinero con toda la corte que lleva consigo. A veces, desde las publicaciones religiosas se interroga seriamente al hombre de hoy sobre la posibilidad de tal o cual sistema de ideas. No sé cuantas veces se nos interroga seriamente sobre la posibilidad de vivir inmersos en un sistema capitalista en el que el interés del dinero priva por encima del hombre y se negocia con todo y por encima de todo para obtener al fin lo que se persigue con más ahínco: el dinero. Y eso sí, a veces, perfectamente compatible con el signo religioso y con la aceptación hasta fervorosa y ejemplar de unas prácticas que dejan intocable el arca de caudales. Se trata de escapar a la seducción del dinero. El obstáculo es de categoría y sortearlo exige un gran esfuerzo. Pero lo que resulta evidente es que si no somos capaces de dominar nuestra afán de riquezas, el dinero acabará con nuestra vida cristiana y estaremos preparando un mundo duro y hostil, donde los únicos valores aceptables serán los que se compren con dinero: un mundo difícil y poco habitable en el que la única dialéctica posible será la lucha sin cuartel y en la lucha siempre hay demasiados vencidos.

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