Diario de León
Publicado por
JOSÉ R. AMOR PAN
León

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EL QUID de la moral no está única ni primariamente en los grandes y controvertidos asuntos que azotan a la Humanidad (eutanasia, biotecnología, armas atómicas, crisis ecológica), como tampoco lo está en las grandes y teatrales reuniones internacionales, sino más bien en los actos que van conformando día a día nuestro carácter. Hay una reforzada necesidad de recuperar las virtudes en la vida cotidiana: el respeto mutuo, la empatía, la sensibilidad, la amabilidad, eso que tradicionalmente se ha llamado la buena educación, la capacidad de sacrificio. Porque todos tenemos derechos resulta que todos tenemos deberes, aunque esta segunda parte parece olvidarse. Hablamos de cosas elementales, pero que hoy ya nadie puede dar por supuestas en detrimento de la vida social (vean si no el lacerante tema del botellón y los vecinos que tienen que sufrirlo recurrentemente). Por eso mismo se acrecienta también la necesidad de contar con líderes auténticos. Este mundo policéntrico, transcultural, mutirreligioso y acelerado como en ninguna otra época de su historia los precisa como el agua, el aire y el alimento que lo sostienen. A todos los niveles y en todos los órdenes de la vida. Personas que irradian optimismo y confianza, a las que el grupo sigue porque las reconoce con autoridad (muy diferente del poder que se impone o se compra) y, por ello, capaces de orientar, dirigir y gobernar con soltura y eficiencia. Son personas que se comprometen con el bien común no por interés propio, no para medrar en su carrera y en su bolsillo, sino porque están convencidas de que pueden aportar su granito de arena en la construcción de un mundo mejor. Y su trayectoria vital es su mejor aval. Necesitamos políticos, diplomáticos, empresarios, profesores, médicos, funcionarios, científicos, amas de casa y periodistas no sólo con el mayor caudal de conocimientos posible sino, sobre todo, con la mayor profundidad histórica, ética, espiritual y filosófica posible. Individuos que nos saquen de la rutina, la apatía, el tedio y la mediocridad en la que no pocas veces se ve envuelta nuestra vida. Que nos devuelvan las ganas de hacer lo mejor posible nuestro trabajo, volviendo a hacer operativa en la realidad de cada día las virtudes de la excelencia.

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