Diario de León
Publicado por
ASSUMPTA ROURA
León

Creado:

Actualizado:

LA QUEMA de fotografías del Rey en junto con el anhelo desesperado de refundar el catalanismo por parte de los nacionalistas (CIU) no tiene mayor valor que la puesta en escena histriónica de quien sabe (o no sabe pero lo intuye) que su agonía es la llamada a la representación de su último acto. Mal que les pese a algunos, esos aspavientos enfermizos que han aparecido por Cataluña en los últimos meses indican el camino hacia el final de un nacionalismo, o ultra nacionalismo, que nada tiene que ver con los intereses de la población de este siglo XXI. Un siglo, el de ahora mismo, absolutamente en manos de una economía brutal, de mercadeo salvaje de personas, de bienes materiales o de objetos innecesarios. No es el nacionalismo español, gallego, vasco o catalán, todos ellos de signo conservador y por tanto en connivencia con el capitalismo salvaje el que va a resolver de veras los problemas de España. Ni siquiera esa España plural que pretende sobrevivir a costa de comparaciones que además de odiosas son inútiles, un desperdicio de retórica que muere en sí misma de la enfermedad del desquicio espiral. Esa España plural ha de dejar de buscar al enemigo fuera de sus límites geográficos e ir a combatirlo donde suele estar: dentro. La ineficacia, la endogamia, el desencuentro con la realidad ciudadana de todos los días son el veneno perfecto para paralizar el presente y el inmediato futuro. Los efectos secundarios de ese veneno han sido los que han adormecido, en los años nacionalistas, a la Cataluña próspera, pionera y discreta cuya autoestima nadie puso jamás en duda. Y ese mismo veneno, mortal también, es el que, en justicia, mata a quienes lo vendieron y traficaron con él como un don natural. De ahí esos aullidos de rabia. De acuerdo que el socialismo que conocemos ha de revisarse a sí mismo para estar a la altura de las circunstancias actuales, europeas y mundiales; ha de buscar la manera menos torpe de recuperar la cercanía del ciudadano curándose de su endogámia-partidista. Pero de momento, tenemos un buen referente: José Montilla, ese charnego por el que casi nadie daba un duro, a la chita callando, lo está haciendo muy bien. ¿Cómo? Trabajando para todos los ciudadanos de Cataluña: ricos y pobres vengan de dónde vengan.

tracking