Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Escribo sobre mí mismo

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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Y QUE ME SEAN PERDONADOS todos los errores cometidos y también los que aún me quedan por cometer. Porque el ser humano es débil y está siempre en trance de equivocarse. No quiero decir, con este anticipo, que deba denunciar la falta de cuidado intelectual, (que esta condición se gana, no se acepta como dádiva generosa). El que nace para octavo puede incluso llegar a cuarto si pone en conseguirlo el alma. Esto es lo que debió acontecer conmigo, recriado en tierras absolutamente descarnadas de un barrio ilustre sin duda pero pobre si Dios tenía qué. Y desde la pobreza, así sea asistido por arcángeles custodios, no se alcanza ni la gloria ni el purgatorio y se suele acabar carbonizado y mal conformado estética y culturalmente. Y como al hombre se le concedió la facultad de salir de sus agujeros negros, si en conciencia pone su voluntad en ello, y dado que el tal y cual no tenía más recursos que los que la sociedad podía proporcionarle y esta acción de regeneración venía a ser como el milagro de los panes, me quedé en lo que soy, en lo que fui y en lo que acabaré siendo, polvo sin reconversión posible. Baroja que era hombre de definiciones radicales, se decía de sí mismo que se trataba de un hombre humilde y errante. Y para salir de sus condicionamientos se convirtió en el novelista más azaroso de España y naturalmente en soberbio. Porque la soberbia es el forro de la humildad y está tejido con el mismo hilo. Bueno pues ahora, precisamente en el mes de octubre, que es el más luminoso del año, han decidido unos beneméritos doctores de vida y letras organizar un homenaje dedicado a mis andanzas y variaciones, bajo el signo benéfico del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. En dicho acaecimiento tomarán parte Profesores de Instituciones de distintas Facultades y me siento envuelto en una especie de manto que me hace temer la pérdida de juicio. Porque da la casualidad de que el que suscribe el presente documento, carece de los saberes, títulos y consignaciones letradas que pudieran justificar un Congreso en el cual al parecer se intenta poner de manifiesto el alto valor que se me atribuye. Y no es eso, no es eso, que diría Ortega. Porque estos saraos están llamados para el acogimiento de valores reales, de personalidades calificadas y diplomadas y no para cubrir con clámides doradas la figura siempre vacilante de quien parece ser protagonista de vuestros generosos deseos, más que de mis méritos. Ni soy nada, ni aspiro a nada, ni envidio nada. Aspiro naturalmente a la estimación de mis vecinos y no creo haber fabricado con mis comportamientos, ninguna nota desfavorable para seguir incluyéndome entre los hijos pródigos de una ciudad que se merece sin duda los hijos mayores con que cuenta. Gracias, naturalmente, por tantísima generosidad desplegada sobre mi limitada y recortada obra, en la que nunca he perseguido otro galardón que el de la libertad. Permitidme pues ser un hombre humilde, errante y libre, acogido a la doctrina del hombre de bien, ni envidiado ni envidioso, como Fray Luis, pero en laico.

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