En muchas zonas españolas han desaparecido el 80 por ciento de las poblaciones de conejo
El conejo es una vital en el ecosistema mediterráneo y un eslabón fundamental de la cadena alimentariaya que sirve de presa a más de cuarenta especies, entre las que destacan algunas tan emblemáticas como el lince ibérico o el águila imperial. Sin embargo, está gravemente amenazado desde hace décadas sin que se le ponga remedio, según denuncia WWF/Adena, quien reclama a las administraciones que sea incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y que se desarrolle una estrategia nacional de conservación de la especie que fije las bases para la puesta en marcha de actuaciones coordinadas en todo el estado español. Esta estrategia debería incluir una metodología básica para el desarrollo de las actuaciones de reintroducción, al tratarse de un elemento clave en el que hasta la fecha ha habido una tremenda falta de criterio. Esto ha condicionado el resultado de estas acciones que, en numerosas ocasiones, pueden haber resultado incluso perjudiciales. Los expertos estiman que en amplias áreas del territorio español ha desaparecido más del 80% de las poblaciones originales. De acuerdo a los criterios de la Unión Mundial para la Naturaleza, este dato sería suficiente para incluir a esta especie en la categoría de «en peligro». Mientras se toma alguna decisión a escala nacional, desde la organización ecologista se propone que las comunidades autónomas, responsables de la gestión de la caza en sus territorios, deberían modificar la época de veda, que se mantiene sin cambios desde hace décadas, cuando el conejo era muy abundante y causaba importantes daños a la agricultura, por lo se controlaban sus poblaciones. Bastaría con adelantarla unos meses, adecuándola al ciclo biológico de la especie y situándola en los momentos de máximo poblacional, para disminuir de manera radical el impacto de la actividad cinegética. Para Luís Suárez, responsable del programa de especies de WWF/Adena, las administraciones deben asumir su responsabilidad y tomar la iniciativa para recuperar esta especie, limitando y regulando todas las actuaciones que están afectándola, como la caza o la agricultura intensiva. «Sólo con una intervención decidida podremos evitar la desaparición de una especie que forma parte de la historia de nuestra península y que es fundamental para garantizar el futuro de otras especies únicas en el mundo, como el lince o el águila imperial», asegura Suárez.