CRÉMER CONTRA CRÉMER
La semana de la pobreza
ME LO DECÍA mi tía la del pueblo: «Galán, no lo olvides nunca: «lo mejor para no ser pobre es ser rico». Arréglatelas como puedas. En el mundo cerca de mil millones de personas siguen viviendo con menos de un dólar al día y la Alianza Española contra la pobreza, en nombre de todos los pobres del universo mundo, exigen de la tropa política que, por favor, por el amor de Dios y pensando en sus muertos, luchen contra la pobreza. «¿Cómo?», se pregunta en pobre de los miércoles. Pues qué quiere usted que le diga. Con cantar aquello de «arriba los pobres del mundo y en pie los esclavos sin pan» que decíamos cuando éramos más corales, no se adelanta nada. Y echándose al monte, menos aún. Cabe suponer que la consigue se refiere a los que manejan los presupuestos para atenciones como los campos de golf o los estadios para el pelotón, pero no es eso, no es eso, sino todo lo contrario. El rico Melquiades, de mi parroquia, cuenta un par de glosas para dormir a los niños pobres que no se resisto a repetir, aunque todos ustedes de una forma o de otra habrían oído chistogracias igualmente divertidas. Y es cuando el rico Zabulón explicaba la situación de su horda: «Vera usted, Don Genaro, en mi casa todos somos pobres, todos: Es pobre el jardinero y el mayordomo y el chófer y el cocinero y el que cuida los caballos y el amigo de los perros»¿ Y a lo mejor, se decía el pobre de solemnidad que escuchaba la chorrada del rico Zabulón, se lo creía y ofrecía un centavo para atender a los pobres del mundo. Falta voluntad política para dominar la pobreza y como para demostrarlo refería una anécdota de la que él había sido testigo: Y es que estando de mesero (como dicen los ricos de la Argentina) en la casa solariega de Don Ampudio del Campo y cuando se disponía a servir el banquete para el patrón y sus invitados, llamaron al timbre general y el señor dirigiéndose al servidor le ordenó: «Anda, vete y mira a ver quién es». Y corrió el sirviente a la puerta y volvió al poco rato al lado del amo. Y éste le preguntó: «¿Quién es?» Y respondió el sirviente: «Un pobre». Y al escucharlo, la niña pijo de la familia se asustó y preguntó alarmada: «Y eso ¿qué es?... Al pobre le cabía decirle a la muchacha: «Es la pura expresión de la mala entraña que tienen todos los hacendados sin alma de la Argentina y del mundo. Y no se destierra esta epidemia ni con chistes, ni con invitaciones de la oenegé de turno. Ni, por supuesto, esperando que la admiración general de todos los países afectados por la enfermedad puedan un día levantarse del triclinio, para colaborar eficazmente en la solución de este pleito cruel que afecta a todo el mundo, incluso a los ricos. Quizá porque lo bueno es necesario de ser rico es porque no se es pobre¿ Los de la revolución urbana del 68 ya lo declaraban: «Amaos, ricos y pobres, amaos, los unos encima de los otros».