Diario de León
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CARLOS G. REIGOSA
León

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EL PRESIDENTE ruso, Vladimir Putin, obtuvo el 99% de los votos en la misma Chechenia que él sometió a sangre y fuego y donde participó oficialmente en las elecciones el 99% de la población. Este ejemplo lo dice todo sobre la limpieza del proceso democrático que acaba de otorgarle la mayoría absoluta al partido Rusia Unida, cuya lista encabezó el propio Putin y que obtuvo el 64% de los votos. El presidente no defraudó a los muchos analistas que habían denunciado el progresivo abatimiento de la democracia en Rusia. Por eso lo dispuso todo con claridad: ni observadores internacionales ni libertad mediática. Nada que pusiera en peligro sus resultados. Sin embargo, la realidad es que Putin goza de un gran apoyo en Rusia, y no es fácil entender por qué se ha inclinado por la chapuza electoral. Pudo haberse anotado una victoria irreprochable con la que encumbrase en el mundo, pero, como veterano espía del KGB, ha preferido la trapacera seguridad de las alcantarillas. Se ha equivocado. El apoyo absoluto que obtuvo en Chechenia erradica toda credibilidad. Goza del respeto de los rusos porque ha terminado con el caos de la etapa de Boris Yelsin y porque ha recuperado -a base de gas y petróleo-el orgullo nacional, muy decaído tras la desaparición de la URSS. Pero todo eso lo ha logrado convirtiéndose a la vez en una amenaza para las libertades y la democracia en su país. Un precio muy alto. El porvenir con el que sueña Vladimir Putin tiene más que ver con el pasado que con el futuro. El ex coronel del KGB soviético no cree en la democracia política ni cree que le convenga a Rusia. Educado en la doctrina soviética, su mirada se dirige más hacia la Guerra Fría que hacia un futuro político internacional de nuevo cuño. Admitido esto, es fácil adivinar cual es el horizonte que aspira a reproducir: el de la vieja y caduca bipolaridad entre Estados Unidos y la actual Rusia. Un sueño que todavía cree posible lograr en el ámbito armamentístico, el único en el que podría tener cabida. Confía en que la Unión Europea siga indecisa e inerme y que China afronte problemas de crecimiento económico. Pero su sueño puede ser la pesadilla de los rusos... y no sólo de los rusos.

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