Rouco Varela resalta que las leyes vigentes «favorecen que se relativice la idea del matrimonio»
La Iglesia utiliza el acto en pro de la familia para criticar al Gobierno
El Papa Benedicto XVI respaldó el acto multitudinario con una breve alocución en videoconferencia

El cardenal, Rouco Varela se dirige a una multitud que según estimaciones rozaban los dos millones
La multitudinaria concentración celebrada ayer domingo en la madrileña Plaza de Colón de Madrid en defensa de la familia cristiana, a la que asistieron centenares de miles de personas -más de un millón y medio, según los organizadores y un millón según la Comunidad de Madrid, mientras que la Delegación del Gobierno no ofreció ninguna estimación de asistencia--, alcanzó su punto culminante y más emotivo al filo de las doce del mediodía, cuando el Papa Benedicto XVI, desde Roma, pronunció unas palabras en castellano para saludar a los asistentes en el acto mediante videoconferencia. Fue durante el tradicional acto de rezo del Ángelus de los domingos, desde la Plaza del Vaticano, cuando el sumo pontífice envió un mensaje de aliento a los participantes en el macroevento, que se extendían en la plaza donde se situaba el estrado y a lo largo de los Paseos de la Castellana y Recoletos, así como por las calles de Génova y otras adyacentes a la zona central. El Papa resaltó la «importante iniciativa» desarrollada en Madrid, organizada y convocada por la Archidiócesis dirigida por el cardenal Antonio María Rouco Varela, y envió un 'saludo' a los miembros de la cúpula eclesiástica presentes en el encuentro -más de 40 cardenales, arzobispos y obispos--, así como a los sacerdotes que asistieron a la iniciativa y a todos los presentes en la jornada. Subrayó el pontífice que Jesucristo «vino al mundo rodeado de María y José, para experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas, un testimonio de la belleza del amor humano como lo son la familia y el matrimonio». Benedicto XVI resaltó en su breve alocución que «los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana», al tiempo que enfatizó que «vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio, porque vale la pena trabajar por el ser humano». Rouco, el gran protagonista Además de en Benedicto XVI, el gran protagonismo de la celebración por la institución familiar, coincidiendo con la festividad de la Sagrada Familia, recayó en el cardenal arzobispo de Madrid, promotor de la solemne celebración. Durante su homilía, Antonio María Rouco Varela recordó que, en el mismo lugar, Juan Pablo II presidió dos históricos encuentros, en 1993 y 2003, para la canonización de santos españoles, y muy cerca, en la madrileña Plaza de Lima, proclamó «con un inusitado vigor el Evangelio de la Familia» el 2 de noviembre de 1982, hace 25 años. Censuró Rouco que, 25 años después de las palabras de Juan Pablo II, ha surgido un «medio ambiente cultural y social, en crecimiento continuo, donde se relativiza radicalmente la idea misma del matrimonio y de la familia y se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida en las relaciones entre el varón y la mujer opuestos al valor del amor indisoluble y al respeto incondicional a la vida de la persona desde el momento de su concepción hasta la muerte natural». Una realidad social, dijo, «posibilitada y favorecida jurídicamente por las leyes vigentes». Sin duda, estimó el cardenal, la familia se presenta «como el problema objetivamente más grave e inquietante ante el que se encuentran las sociedades europeas y, por supuesto, la española». De hecho, alegó, quien obstaculiza la institución familiar, «aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad nacional e internacional sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal 'agencia' de paz». Y es que, argumentó Rouco, «ni la familia, ni el matrimonio en que se funda, ni el don de la vida -los hijos--, están a disposición de la voluntad de hombre alguno o de cualquier poder humano. Ni las personas particulares, ni los grupos sociales, ni la sociedad en su conjunto, ni la autoridad del Estado pueden manipular a su gusto sus orígenes, su naturaleza y sus propiedades esenciales». La experiencia diaria nos enseña, remachó el cardenal arzobispo de Madrid, que cuando el matrimonio y la familia no están construidos sobre el «fundamento sólido de la institución divina» surgen «vidas rotas por la separación irreversible entre los cónyuges, sufrimientos, desorientación y desamparo en los niños y los jóvenes afectados por la ruptura familiar, la plaga del aborto, el envejecimiento imparable de la población...». «Ofrecemos nuestro testimonio -concluyó Rouco--. No lo imponemos. Pero sí pedimos a Jesús, María y José que sea comprendido, que sea aceptado. Más aún, que contribuya a que la conciencia social y la valoración cultural por parte de la sociedad española en el reconocimiento del valor insustituible de la familia y el matrimonio gire, y gire pronto», tanto en la estimación popular como «en la valoración política y en la legislación del Estado». García-Gasco, el más duro El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, dedicó unas palabras de saludo en las que resaltó que el matrimonio y la familia «son centro neurálgico de la humanidad». «A veces -señaló se oscurece hasta el mismo sentido y configuración de la familia; en medio de los llamados 'modelos de familia' puede difuminarse lo que es la familia cristiana y hasta la misma familia como institución de la humanidad». También intervinieron los cardenales españoles en activo. El cardenal arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, pronunció quizá el discurso más duro y criticó el «fraude y engaño» que suponen, a su juicio, «la cultura del laicismo radical» y los ataques contra la familia tradicional, una postura que solo conduce «a la desesperanza, el aborto, el divorcio 'exprés' y la ideología». «Por ese camino -adujo no se respeta la Constitución Española y nos dirigimos a la disolución de la democracia». De su lado, el cardenal arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, sostuvo que la institución familiar ve sacudidos sus cimientos «por graves amenazas y legislaciones inicuas e injustas; está acechada por un sinfín de graves dificultades y sufre ataques de gran calado». Los cardenales arzobispos de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, y de Sevilla, Carlos Amigo, enviaron sendos mensajes por su imposibilidad de asistir al evento. El primero mostró su 'horror' por la cifra de «110.000 abortos registrados en 2006», mientras que el segundo insistió en que «ni se puede prescindir de la familia, ni privarla de los derechos que le corresponden, ni tampoco que sean otras instituciones quienes asuman las funciones y competencias que son exclusivas de la familia». Por consejo expreso del Arzobispado de Madrid, convocante del evento en defensa de la vigencia de la institución familiar, no fueron numerosas las banderas de España o enseñas de organizaciones eclesiales que se dieron a ver en la Plaza de Colón y sus calles aledañas, repletas hasta los topes de adultos, ancianos y menores, numerosos niños. Pero sí se respiró un ambiente festivo y también litúrgico. «Por el camino del aborto, divorcio-express, y de la ideología nos dirigimos a la disolución de la democracia» AGUSTÍN GARCÍA-GASCO Obispo titular de Valencia