Diario de León
Pedro García Trapiello

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A SARKOZY le zumba el mango. Se lo lleva de calle: en política, con cosa dura; y en amores, con la cosa aun más dura, pues de un estrago conyugal con divorcio estrepitoso puede pasar en diez minutos a embobarse, embeberse o encoñarse con una flaca divina. Pillar foco como sea es mandato para él. Todo emperador con fe y ganas necesita una Popea o Josefina, porque no hay mejor sparring para entrenarse en guantazos parlamentarios que una esposa brava, una emperatriz conspiradora, una Cecilia ibérica patanegra de carácter... o, como ahora, un contracanto, una Carla Bruni lánguida por fuera y agitadora por dentro (también colecciona muescas de conquistas perdularias en la culata de sus armas), la talludita nena de voz sensual y adorablemente coqueta, voz coja que suena con velos y con una guitarra entre las piernas. Parece ella, más que nadie, el viejo y engañoso embrujo parisino que todo lo seduce. Sobre Sarkozy y la Bruni hablan todos, desde el sesudo analista político al cotillero más cretino de lo rosa braguetero. Un jefe de estado enredado en faldas da que hablar y da materia para que se dividan los tendidos de esta corrida: la mitad de los franceses ven bien y sin objeciones que su mesié le presidán se líe con cosa tan guapa y meliflua en la que se casan la pijez de la modelo icono del consumismo y la cantautora de pose y mensaje que podría encarnar ese nuevo modelo de bo-bo (bohème-bourgeois). Piensan que es mejor aliviar la testosterona por donde se debe, que no empantanarla en el cerebro y cabrearse en la gobernación de las cosas. La otra mitad piensa que distraerse en amoríos y pasiones tardía estafa los intereses de la república restándole la atención plena que exige. Pero esta visión puritana no puede negar que sus modelos de estadista pulcro y contenido andan también en enredos encoñándose o distrayéndose tanto o más, aunque guardando apariencias y engañando (y con coste público). Sin embargo, Sarkozy no oculta el mango, el mambo, ni el mando, lo hace público, ostenta engallamiento y consigue que le pague el escarceo y la tourné algún amigo ricacho para que nadie sospeche que el aparato del estado sostiene su aparato. Hay gentes a las que estimula el ingenio y las ganas el estar cumplidos y aliviados. Así que yo, a favor.

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