De la costura al feminismo
Una misionera leonesa aprovecha las clases de corte y confección en su centro para promover la autonomía educativa y laboral de las jovencitas senegalesas Leonesa y africana

La misionera leonesa (derecha) con una colaboradora
Podría decirse que sor Regina enseña «costura feminista». Para las marginadas jovencitas de Sam Sam, uno de los barrios más humildes de la ciudad de Pikine, en el empobrecido cinturón urbano de Dakar, el Centro Técnico Femenino Kalasans que dirige esa monja leonesa, es una ventana abierta al futuro educativo y laboral. «Vienen por la costura, pero a los padres se les explica que debe ir acompañada de más formación», remacha la misionera de las Hermanas Religiosas del Niño Jesús. Toda una «revolución» en los usos y costumbres de Pikine, donde la miseria (calles estrechas y arenosas, zonas pantanosas que se inundan con las lluvias, mínimo acceso al agua y electricidad, ausencia de saneamiento y recogida de basura) acentúa las tradiciones que marginan a las chicas. «El mayor problema de las mujeres jóvenes es que no son escolarizadas y tienen que quedarse en casa, para cuidar a sus hermanitos, hasta el matrimonio», señala la misionera. Y salvo raras excepciones, añade, «la prioridad en los estudios la tienen los chicos». Preparación De hecho, las que llegan al centro (con 15-18 años y solteras, lo que les deja libertad para poder estudiar) «no han ido o han ido muy poco a la escuela». Por eso, cuenta Regina Casado, la costura se convierte en una puerta de entrada a la alfabetización, a materias básicas como la lengua y el cálculo y a todo un abanico formativo para «saber vivir», que incluye la cocina, el cuidado de niños y la prevención sanitaria, pero también, y sobre todo, «la conciencia de los derechos» como persona. Sobre esos cimientos educativos, que durante tres años combinan la formación profesional en corte y confección con la enseñanza general, se construye luego la autonomía e independencia de las jóvenes de Sam Sam. Al principio, con talleres en los que aprenden a trabajar, consiguen sus primeros ingresos y se familiarizan con la informática, que suele ser «un estímulo muy fuerte» y tiene aplicaciones como el diseño y realización de patrones por ordenador. Y después con pequeñas cooperativas para que puedan ganarse la vida en una sociedad donde la costura es un negocio tradicionalmente masculina. «Este año han empezado tres microcooperativas, y la respuesta ha sido impresionante», subraya sor Regina. No a la resignación La misionera leonesa tiene claro su retrato de la mujer en Senegal y en todo el continente, que pasa por la igualdad de oportunidades educativas y por el protagonismo femenino en todos los ámbitos. «Nada de resignación, hay que impulsar el cambio de su situación», recalca. Las propias chicas de Kalasans asumen el mensaje al considerar su educación un medio fundamental para «ser libres e insertarse en la sociedad». Y ya no queda nada de las iniciales «reticencias religiosas» de algunas familias musulmanas a enviar a sus hijas al centro de una monja católica: «Luego han visto que la formación funciona», dice sor Regina, y prueba de ello es que pagan la correspondiente cuota educativa. «Se les cobra un poco para que se responsabilicen, aunque, si no pueden afrontarlo, les damos becas», aclara. El Centro Técnico Femenino Kalasans arrancó oficialmente en el curso 2004-2005, aunque la formación en corte y confección ya se realizaba antes en la Escuela Kalasans, que funciona desde el año 1996 y está dirigida por el misionero catalán Ferran Sans. Este colegio alternativo lo crearon religiosos escolapios para poder escolarizar a los niños excluidos del sistema de enseñanza. El centro tiene ahora tiene el apoyo del Ministerio de Educación y de los jefes locales, y estudian allí más de 300 chavales y chavalas. En cuanto al centro de promoción femenina donde enseña la misionera leonesa, acoge a un total de 112 chicas senegalesas en su faceta educativa y a otras 35 en sus talleres.