Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

O ahorramos o perecemos

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VICTORIANO CRÉMER
León

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LA VOZ DE alerta está dada: debemos más que la Banca Morsa y nuestra nave municipal, la gloriosa nave de la gran aventura marítima por el Bernesga y el Torío se hunde. Y desnudos de dineros, como los hijos de la mar y de la selva, estamos seriamente amenazados. El colegio, en una de las sesiones plenarias más históricas, (pues nunca León se vio tan envuelto en deudas como en la actualidad), tomó el acuerdo de poner freno a tantísimo despilfarro como al parecer se ha venido cometiendo por la natural estructura municipal o por la incapacidad de sus gobernantes, para poner freno a tanta impericia, porque es que según la notificación pseudo oficial de la municipalidad, nuestros débitos o por mejor decir, aquellos a los cuales nos ha venido conduciendo la municipalidad regida a mano abierta, está a punto de quebrar. No es cuestión de denunciar la lista de los acreedores del ilustre de Ordoño II pero, según la relación que se nos proporciona, debemos al carnicero y al panadero y al maestro del colegio de los niños y a los niños y a los empleados y a los guardias y a los asesores... ¡Y a todo Cristo, señor alcalde! Y ello parece ser que inevitablmente conlleva la inmediata medida cautelar de dejar a la ciudad a oscuras y esmonjas y a que el correo no llegue a su destino y a que los niños escolarizados no dispongan de pupitres. Parece una coña maragata, pero es una de las más tristes y acongojantes situaciones a las que puede verse condenado un ayuntamiento formado por un montón de concejales, un alcalde, un vicealcalde, y repetimos un censo laboral, incluido el servicio de jardines, de más de dos mil profesionales y empleados de la nómina municipal y espesa. León se queda sin luz y sin dinero. Y los bancos y cajas de ahorros y de usura no le facilitan al Ayuntamiento doliente que padecemos ni un ochavo para salir del pozo. Y es inútil intentar ponerse en comunicación telefónica con el señor alcalde, por ejemplo, porque no funciona la telefónica si no pagan lo que se les debe, como no funcionarán los autobuses porque también son deudores sin esperanza. De la presunta reunión del Pleno es posible que se hayan conseguido algunos medios para solucionar este espantoso problema. Y mucho nos tememos que sin encontrarlo. Tal vez porque en la tremenda confusión en que están sumidos los ilustres miembros de la Casa de la Poridad no encuentran la salida. Y sin embargo, se mueve. El Ayuntamiento puede pagar sus muchas deudas así que humildemente se deje de sueldos de fantasía oriental para quedarse en unas retribuciones normales. Lo que el Organismo pudiera ahorrar si se aprobara una forma de control del gasto de personal político, bastaría para enjugar todos los déficits que se presentan para el consabido pago. Lo que no se puede pretender, señores de la sala y del comedor, es que gastanto más que el Sha de la antigua Persia y montando saraos, festivales, viajes y farias como la Arabia Saudita, se puede conseguir ahorrar para el chocolate del loro. El Ayuntamiento, dicho sea sin ánimo de molestar, gasta más de lo que gana y los que dicen servirle para el bien del común, nos están hundiendo en la desesperación con su alegre manera de administrar, teniendo en cuenta de que así como la caridad empieza por uno mismo, los efectos de las tasas y de las acciones contributivas para equilibrar el gasto de la Ciudad deben empezar por los beneficiados montados en un machito que no se cansa de soportar peso...

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