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LUIS DEL VAL
León

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A CABALLO entre el siglo XVII y XVIII, Giambattista Vico escribió una obrita muy singular, titulada en castellano Principios de ciencia nueva. En torno a la naturaleza común de las naciones , y en ella avisaba de que la Historia no avanza de manera lineal, sino a través de ciclos, en el seno de cada uno de los cuales existen tanto avances, como retrocesos. Realmente no hace falta ser muy perspicaz para determinar que estamos viviendo, o bien un cambio de ciclo, o bien un cambio de tendencia dentro del ciclo, que implica un evidente retroceso. La evidente ausencia de ideología y compromiso, el gap moral entre los avances tecnológicos y la fortaleza ética, y, sobre todo, la manifiesta decadencia de Occidente, cumpliendo y haciéndose evidentes muchos de los síntomas señalados por Spengler, son jalones que nos señalan que algo profundo está sucediendo, aunque nadie sea capaz de advertirlo hasta que se derrumban las Bolsas. Ya nadie lee a Spengler, y sus observaciones sobre los factores psíquicos aplicado a los acontecimientos económicos, matarían de risa a cualquier ejecutivo, de no ser porque algunos de esos propios ejecutivos, receptores de generosas remuneraciones mensuales, están realmente asustados por si les liquidan el contrato. Y es que, en poco tiempo hemos pasado del materialismo histórico de Marx al materialismo histérico de un Occidente, donde la cobardía avanza y crece visiblemente, enlazada siempre del brazo con la comodidad. En su momento, cuando Roma tuvo que formar sus poderosas legiones reclutando para ello a esclavos y libertos, porque los hijos de los patricios no querían renunciar a sus termas y sus saraos, comenzó la decadencia del imperio. Fue entonces cuando se fraguó el desastre que sería evidente siglos después. Observe la etnia y el rostro de los soldados del Imperio Occidental: no se ve ninguno de esos hijos de patricios acomodados. Deben de estar mirando asustados las cotizaciones de Bolsa, sin comprender de dónde viene realmente este derrumbe, porque hasta ahora han estado muy ocupados contando dinero y no iban a perder el tiempo leyendo a Spengler o a Giambattista Vico, ni mucho menos a defender sus intereses en persona, pudiendo tener un ejército de alquiler que se ocupe de ello.

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