Golondrinos somos
«MÁS caga un buey que cien golondrinas». Incontestable refrán, verdad palmaria. Cagadita o carajón; esta es la cuestión, si de bulto o abono hablamos. Pero golondrinea León lo suyo y lo del vecino, cosa que explica por qué tantas veces se llenan de cagarruta menudita los horizontes, esa lontananza que se nos aleja conforme más corremos hacia ella. Pongamos la de turismo. Diputación y Ayuntamiento la dibujan cada cual por su lado echándose reojos y maledicencias. En cuestión de promocionar la cosa, o sea, venderla, no se aclaran entrambos, no se tragan, no se ajuntan (¿de ayuntarse viene ayuntamiento?; pues tururú; ¿y la Diputación quiere ser ayuntamientón de todos los ayuntamientos?; pues tararí), no concuerdan, no dejan de reburdiar y de tirarse a la cara el verdadero lema de la concordia y aproximación cazurra: «Arímate... pallá». Lo dejaron claro (o sea, oscuro) ante la edición de Fitur a la que acuden ambas instituciones en disloque, orgullito y disparate... o, tal como hacen con su manguera los bomberos bordes o tuercebotas, pisándose el rabo, que son, ya ves, dos rabos distintos, pues el león rampante de sus respectivos escudos se diferencian no sólo porque no se parecen en nada (ya es síntoma), sino porque el rabo de uno se enrosca hacia afuera y el otro hacia adentro, León munícipe a la derecha, León diputado a la izquierda. Has de fijarte en la paradoja (la del rabo y la de las tortas), porque los que nos miran desde fuera de este corro cazurrete aplauden en su ventaja o se esgüevan ante estos cismas. Por lo demás, está la feria en sí, ese mogollón de caseto, alarde, castañuela y propaganda. No tengo claro que sirva para lo que se promete o pretende. El corralín autonómico, provincial y comarcal que montan allí queda engullido por otros alardes, otros países, paisajes y destinos, otras playas caribeñas, otro culamen brasileiro... Se gasta un verdadero dineral en folletito y paripé, en ferias donde no vendemos el jato o en promociones cecineras de destinos exóticos para que turisteen gratis diputados y concejales. Aquilino resolvería así; con todo lo que gastamos a lo bobo, se invita a las empresas turísticas aquí, se les abruma y agasaja, se les unta... y ordenarían a sus autocares (siempre de paso) a que hicieran después dos noches leonesas. El soborno legal es más inteligente. Lo dice el buey.